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viernes, 22 de marzo de 2019

CUARESMA. TIEMPO DE PURIFICACIÓN.


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CUARESMA: TIEMPO DE PREPARACIÓN Y PURIFICACIÓN.





Nuevamente, en este peregrinar a la Casa de Padre, todos estamos llamados a renovar nuestra Fe, Esperanza y Caridad mediante la vivencia de la Cuaresma. Que no es otra cosa que seguir los pasos de Jesús.



"Cada año, a través  de la Madre Iglesia, Dios <concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios> (prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: <Pues hemos sido salvados en esperanza> (Rm 8,24)". (Francisco Mensaje de Cuaresma 2019).

Es un tiempo fuerte, importante, trascendental para la vida de cualquier cristiano, cualquiera sea la situación en que se encuentre, nadie está excluido, nadie queda exento de no asumirla porque todos tenemos que convertirnos. Una conversión que tiene que ser diaria. No se trata de un momento, de un flash, es toda la vida y dura hasta el último momento de nuestra existencia.



Por  qué es importante este tiempo? Sobre todo porque me conduce a vivir en plenitud la Pascua que constituye el centro de nuestra vida de fe porque ahí reviviremos la Pasión de Cristo: vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.




Cristo Crucificado (Capilla "La Montonera" Pilar, Pcia. Bs.As.)

Con palabras de Francisco "la celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios".(Ibid.). 

Cuando decidimos hacer un viaje nos preparamos con el debido tiempo, nos preocupamos con que no falte nada, es decir, revisamos todos los detalles que nos permitan realizar el viaje.



En la Cuaresma también tenemos que prepararnos. Con la señal de la cruz en nuestra frente, el miércoles de Cenizas, le dimos comienzo a esa preparación. Es una marca externa, pero nos hace, desde el comienzo, esta interpelación “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o bien, “cree en el evangelio y conviértete”. Es un llamado a pararse y reflexionar. Pararse y ver como está mi vida espiritual. Que lugar le asigno a Dios. Me he quedado clavado en la inmediatez. En querer resolver solo los problemas, económicos, laborales, familiares. Vivo de cara al día a día sin pensar en el Señor.

Es que acaso por ahí no nos dimos cuenta que aquí estamos de paso. O piensas que estaremos aquí por la eternidad. Justamente la Cuaresma nos da la oportunidad para levantar nuestra mirada al cielo y acordarnos de que el Señor está. El nos espera siempre. El siempre pasa por nuestra vida y nunca nos dejará fuera de su camino, el problema es que el pase y yo no le salga a su encuentro.

Es necesario, que aprovechemos estos días que nos quedan para la Pascua para ver, como decíamos, cómo estamos en nuestra vida personal en primer lugar con relación a Dios, luego en mi relación con los hermanos –intramundana-, en mi relación con la comunidad –intraeclesial- incluye tu familia.




Sin una previa y necesaria mirada con sinceridad, sin hipocresías, sin maquillajes, ni omisiones, a nuestro interior y a nuestra vida, es imposible que podamos encontrar al Señor. 

Es importante detenernos en la hipocresía, tal vez uno de los obstáculos más difícil de vencer para quien la sufre.

"Jesús, para este tiempo de Cuaresma, nos hace las siguientes advertencias: "Cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas....Cuando oréis, no séais como los hipócritas... Cuando ayunéis, no pongáis cara de triste, como los hipócritas> (Mt 6, 1-18)". Es el pecado más denunciado por Jesús en los Evangelios.(1)

En efecto, "si nos preguntamos por qué la hipocresía es tan abominada por Dios, la respuesta es clara. La hipocresía es mentira. Es ocultar la verdad. Además, en la hipocresía, el hombre degrada a Dios, lo pone en el segundo puesto, colocando en primer lugar a las criaturas, al publico."(2) 

Sería como vivir en una incoherencia total una dicotomía,  una doble vida. Una falta de coherencia entre mi vida y mi fe, una para el público y otra para mi vida. 

"Es como si en presencia del rey, uno le diera la espalda para dirigir su atención únicamente a los siervos. «El hombre mira la apariencia, el Señor mira el corazón» (1 Sam 16,7): cultivar la apariencia más que el corazón, significa automáticamente dar más importancia al hombre que a Dios".(3)

Por tanto, sin una apertura de corazón, es imposible, porque esa apertura es personal, intransferible, irreemplazable, por eso sino nos abrimos, sin miedos, sin prejuicios, no dejaremos que el Señor entre en nuestro corazón y transforme nuestra vida. 

En ese pasarnos la película de nuestra vida – sin cortes- y miremos todo las luces y las sombras, esto es, todo aquello que me apartó del Señor y todo aquello que me dio. Tantas gracias que hemos recibido gratuitamente y a veces inmerecidamente. Todo debe entrar en este penetrar y remar mar adentro de nuestra vida. San Agustín asignaba suma importancia a esto y decía “Conócete a ti mismo”. Y, más: “Señor que te conozca a ti para que me conozca a mi”.



"El salmo 139; recitarlo lenta y repetidamente, como si lo leyéramos por primera vez, más aún, como si lo estuviéramos componiendo nosotros mismos o fuéramos los primeros en pronunciarlo. Si la hipocresía y la doblez consisten en buscar la mirada de los hombres más que la de Dios, aquí encontramos el remedio más eficaz. Rezar este salmo es como someterse a una especie de radiografía, como exponerse a los rayos X. Uno se siente atravesado de un lado a otro por la mirada de Dios. Recuerdo siempre la impresión cuando lo recité por primera vez en el modo que he dicho. Comienza así:

«Señor, tú me sondeas y me conoces.

Me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda…

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día,

la tiniebla es como luz para ti».

Lo maravilloso es que esta toma de conciencia de estar bajo la mirada de Dios no crea un sentimiento de vergüenza o de malestar, como quien se siente observado y descubierto en sus pensamientos más secretos; al contrario, da alegría porque se entiende que es la mirada de un padre que nos ama y nos quiere perfectos como él es perfecto. El salmista termina, de hecho, su oración con el grito exultante:

«Sondéame, oh Dios, y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno».

Sí, mira, Señor, si seguimos un camino de mentira y guíanos, en esta Cuaresma, por la vía de la sencillez y de la transparencia. Amén.(4)



Por tanto, nuestra revisión de vida tiene que ser sobre todo sencilla, sin dobleces. Pensar que el Señor nos está esperando. No tiene anotadas todas nuestras faltas. Tiene para darnos su amor. Por sobre todo es rico en “misericordia”. Nos perdona todo. El nos espera en el sacramento de la reconciliación (te recuerdo que es Cristo el que te perdona el sacerdote actúa in personae Cristo). Solo nos pide  nuestro arrepentimiento de corazón, nuestro propósito de corregir nuestras faltas y el perdón del Señor nos vuelve a la Vida de Gracia. Así  aumentamos nuestra Gracia Santificante, bajamos la pena y recuperamos la Gracia Actual que es la que nos mueve a realizar todas nuestras buenas acciones. 

Decíamos más arriba sobre la necesidad de hacer una  revisión de vida en tres dimensiones en mi relación con Dios, consigo mismo, y, con los demás. 

La Iglesia nos propone tres medios: la oración, el ayuno, la limosna.

En la oración entramos en diálogo con Dios.
En efecto, el solo hecho de ponernos en presencia de Dios y pedirle luz para ver con claridad todo lo que me puede apartar de su camino. El pedir que nos ayude a perseverar, arrepentirnos de corazón de todas nuestras faltas y pedir nos ayude a perdonar las ofensas y a quienes nos ofendieron o nos hicieron mal, y nos ayude a pedir perdón por las ofensas en hubieramos incurrido, todo esto es un motivo fuerte para ponernos en oración.

Con relación al ayuno, no se trata de mirarlo como mortificación, como ayuda para aprender a  dominar mi cuerpo. Podemos ayunar de muchas cosas, que muchas veces hasta son superfluas, por ejemplo, el uso desmesurado del phone-movil. En todo tiempo y en todo lugar. 

La limosna, no se trata de dar algo al que pide en la puerta del templo. Dar algo que me cueste. Si es cierto no debemos ser "bolsillos cerrados" como dijo Francisco en la Misa de Santa Marta el 18-03 pasado. Pero justamente la Cuaresma nos da la oportunidad de hacer pequeños gestos, pequeñas cosas. Dice "San Juan de la Cruz <A Dios le agrada más una acción, por pequeña que sea, hecha a escondidas y sin deseo de que sea conocida, que mil otras realizadas con el deseo de que sean vista por los hombres> Y también: <Una acción hecha entera y puramente por Dios, con corazón puro, crea todo un reino para quien la hace>.(5)

"Jesús recomienda con insistencia este ejercicio: <Reza en lo secreto, ayuna en lo secreto, haz limosna en lo secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará>. Son delicadezas respecto de Dios que tonifican el alma. No se trata de hacer de esto una regla fija. Jesús dice también: <Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos> (Mt 5, 16). Se trata de distinguir cuándo es bueno que los demás vean y cuándo es mejor que no vean.(6) 




QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De la tibieza de mi vida:
digo creer en Ti no siempre vivo en Ti y      contigo

Hablo y frecuentemente son palabras sin sentido

no vienen desde Ti y, muchas veces, no son para Ti.


QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mis falsas seguridades:
espero en Ti pero me fío de mis propias fuerzas
no siempre te sirvo en lo que hago
y, algunas veces, soy yo el que me busco en todo ello.
  
QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mi mis soledades y angustias
por haberme alejado del costado de tu compañía

Porque, uno de mis pecados, es mi deseo de ser libre

Libre sin más barreras que mi propia libertad

Libre sin más condicionantes que mi propia moral

Libre sin más dignidad que todo lo que considero bueno para mí


QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mi incomunicación con todo lo divino
Mi oración, rápida, rutinaria y distraída

Mi caridad, oportunista, vanidosa y selectiva

Mi vida, fácil, consumista y sin brújula cristiana

Mis caminos, tortuosos y estériles, placenteros y a la carta

QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

Desde mi corazón, para que Tú, lo hagas tuyo

Desde mi alma, para que en ella, tu tengas la mejor parte

Desde mis entrañas, para que por ellas,

salga a la luz que sólo Tú, y solo Tú, eres quien reina en mi vida
  
QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

Ayúdame, Señor, a buscarte en el silencio

Ayúdame, Señor, a descubrirte en el necesitado

Ayúdame, Señor, a contemplarte en las maravillas del mundo

Ayúdame, Señor, a no perderme en las excusas de cada día

en los senderos fáciles y de bajo precio.

Sólo Tú, Señor, tienes palabras de Vida Eterna

Sólo Tú, Señor, eres capaz de darme fuerzas
para vencer y salir victorioso de la tentación de cada jornada

Amén 
Javier Leoz(7)



     

Nos encomendamos a  María nuestra Madre celestial y le pedimos que nos ayude a  vivir esta Cuaresma con todas nuestras fuerzas, con todas nuestras mentes, y con todos nuestros corazones para que nos conduzca a vivir plenamente la próxima Pascua de Resurrección.


-Francisco Mensaje de Cuaresma 2019
1-4 Padre Raniero Cantalamessa 1a.Med-Cuaresma 2019
5.-S. Juan de la Cruz Máximas 20-21.
6.-Padre Raniero Cantalamesa 1a.Med.Cuaresma  2019.
7.-Padre Javier Leoz Oraciones para Cuaresma.

JMP+






lunes, 13 de marzo de 2017

CUARESMA - CAMINO DE CONVERSIÓN Y ESPERANZA. 2017



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<CUARESMA CAMINO DE  

CONVERSIÓN Y

ESPERANZA >






TRAPPIST-1 f1. Exoplaneta. Tamaño similar a la tierra. Visión Artística. Crédito NASA JPLCaltech

TIEMPO DE PREPARACIÓN –  

DE  CONVERSIÓN (RENOVACIÓN).

DE ESPERANZA - PERDÓN Y

 RECONCILIACIÓN.



Foto:  

 Foto:



Con la Cuaresma comenzamos la preparación de la Pascua de Resurrección. Cuaresma significa cuarenta y se aplica a los 40 días de preparación a la Pascua. 

Es un  tiempo fuerte en la vida de todos los cristianos. Es, por tanto, un tiempo en que tenemos que detenernos, parar y reflexionar. 

Ajustar lo que se tenga que ajustar; todo aquello que me impida o no esté en consonancia con el Camino de Cristo.

Como Mater e Magistra la Iglesia quiere que hagamos una revisión profunda de nuestro ser y actuar como cristiano.

 Foto: Bosque camino - Lisa Holder

Es necesario, en primer lugar mirar hacia mi interior, ver cómo está mi vida interior. Mi diálogo con el Señor es frecuente? Estoy realmente convencido que si estoy en Gracia el Señor habita en mi interior? Que el Espíritu Santo es nuestro dulce huésped y habita en nosotros y por consiguiente "somos templos vivos del Espíritu Santo"?.


Foto:
Espíritu Santo - Vaticano San Pedro

Para hacer esta reflexión necesitamos hacer silencio, pararse y reflexionar. No puedo hacer un exámen de mi vida en medio del trajín diario. Busquemos ese momento y miremos sin miedos como va mi vida, como me encuentro con mi relación con el Señor, camino junto a El o me quedé afuera de su camino?

Es necesario analizar mi actuar en mi ambiente y circunstancia de vida.  

En tres planos con relación a Dios, a  mis hermanos -intramundana-, y a mi relación intraeclesial. -aquí entra mi familia-.


Foto:
Tunnel Gothard - Arnd Wiegmann

Para recorrer este tramo de nuestro camino que va concluir en la Pascua de Resurrección la Iglesia nos señala algunos medios: el ayuno, la limosna, la oración. Todos, en la medida que los pongamos en práctica en una forma más profunda y más misericordiosa, darán sus frutos.

Insisto en la necesidad del silencio. Es en el silencio tanto exterior como interior dónde vamos a poder aprender a escuchar al Señor. El siempre nos seguirá llamando por nuestro nombre, quiere nuestro bien, nuestra felicidad, que nos realicemos plenamente en nuestra vida, quiere nuestra santidad. 

Dice Carlos Carretto -hoy hermano de la Congregación Foucuald- en su libro "Cartas del desierto" que "la llamada de Dios es algo misterioso, porque viene de la oscuridad de la fe.

Además tiene una voz débil y discreta, que se necesita todo el silencio interior para percibirla. 

Y sin embargo, no hay nada tan decisivo y perturbador para un hombre sobre la tierra, nada más seguro ni más fuerte.

Esta llamada es continua: ¡Dios está llamando siempre! Pero hay momentos característicos que nosotros anotamos en nuestro diario y no lo olvidamos jamás." 

Estas llamadas son como hitos en nuestra vida.

Dice luego Carretto, "que en un momento de su vida escuchó una llamada que sería decisiva en su vida sacerdotal. "Ven conmigo al desierto". Hay algo más grande que tu acción: la oración; hay una fuerza más eficaz que tu palabra: ¡el amor! 

Y marché al desierto.



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Carreto escribió sus vivencias en este libro con la particularidad que lo hizo siempre recordando a tantos amigos que había dejado y a quienes les escribía esas cartas.

Solo destaco este aspecto del llamado que recibe Carretto, lo escucha e inmediatamente lo sigue. 

Es el seguimiento del Señor, el cuando llama a los apóstoles recordemos que el Evangelio dice: lo dejaron todo e inmediatamente lo siguieron.


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   Jesús llama a Pedro y a Juan

Este llamado que nos hace el Señor en esta Cuaresma es un llamado a la santidad, a la conversión, a renovar mi amor por el prójimo, por mi familia, por mi trabajo. 

Para que esta renovación, esta preparación de cara a la Pascua de sus frutos, tenemos que saber renunciar de corazón a todo aquello que nos aparte del Señor. 

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Comenzar con reconciliarme consigo mismo, con mis heridas, que cierren definitivamente. Tenemos que hacernos amigos de estas heridas. Es inútil querer ir hacia el otro si primero no cierro estas heridas. Si vivimos de verdad este proceso de sanación podremos reconciliarnos con quien nos haya ofendido y podremos aprender a perdonarlo.

"La Cuaresma es tiempo de reconciliación, cuyo primer fruto es la paz con Dios y con nuestros hermanos".

"Ella recrea nuestra condición de hijos respecto de Dios, y de hermanos entre nosotros. No podemos, a partir de este encuentro con Cristo, separar a una de a otra, diciendo: yo me reconcilio con Dios, pero no con mi hermano".(Mons. José María Arancedo Mensaje de Cuaresma 24feb.2017

Ahora, quisiera detenerme en dos aspectos que considero, a mi juicio, son también sumamente importantes para crecer en nuestro ser y actuar como laicos comprometidos.

Nosotros si vivimos esta Cuaresma siguiendo los pasos de Jesús seguramente llegaremos a vivir más intensamente la Pascua de Resurrección.

Si seguimos los pasos de Jesús nosotros también en estos cuarenta días tendremos nuestras pruebas y nuestro desierto. 


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El don de la Fé

Al igual que Jesús seremos probados ante todo en nuestra Fe. Cómo vivo mi Fe hoy y aquí? Existe coherencia entre mi Fe y mi vida? Creo en lo que digo? Hago lo que pienso? Vivo lo que creo? Creo con sinceridad sin vueltas, creo que Jesús es el Hijo de Dios, hombre vivo, muerto y resucitado? Creo verdaderamente en el Espíritu Santo? Cómo vivo mi fe frente a las pruebas y a las tribulaciones?.

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La fe no es algo estático es un proceso dinámico que abarca toda nuestra vida.

Podríamos asemejarlo a la vida misma del hombre: niñez, juventud, madurez... Este proceso también se da en nuestra Fe se irá desarrollando mediante un proceso de continuo crecimiento que concluirá cuando lleguemos a la Casa del Padre. 

Foto: HOLT COUNTRY PARK - MATTHEW DARTFORD 2-11-12

Por supuesto que siempre seremos probados en nuestra fe. Es una constante.  Más aún en este hoy y aquí. Ciertamente, son tiempos difíciles los que transitamos se lo mire desde donde se los mire. Solo pensar el que nos toca vivir en el campo temporal en lo laboral, en lo familiar, en lo que se refiere al ámbito de nuestro país -ámbito nacional- y al internacional en su aspecto global. 

En realidad todos los tiempos fueron difíciles pero pienso que el nos toca vivir  hoy  y aquí  no solo son sumamente difíciles sino complicados y conflictivos.

Y, ciertamente, ponen a prueba nuestra Fe. Por qué recalco el aspecto de la Fe.  Recordemos a la cantidad de gente que Jesús curaba, sanaba su cuerpo y su espíritu, hasta resucitaba. Todo ello lo hacía  porque siempre en el necesitado se manifestaba su fe. "Ve en paz, tú fe te ha salvado".



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Jesús cura a la hija del centurión
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Jesus habla con el pobre a la entrada del tempo


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Jesús cura al paralítico
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Jesús cura al ciego
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               Jesús ayuda a Pedro
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        Jesús bendice a mujer enferma

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       Jesús perdona a la samaritana


Es decir, de no mediar esa fe no se hubieran actuado los milagros de Jesús. San Agustín dice: "Dios que te creo sin ti, no podrá salvarte sin ti".

Ahora bien, les propongo pensar en un personaje que nos presenta la Biblia me refiero a Job y confrontémoslo con nuestra fe y actitud frente a las pruebas y las tribulaciones que nos presenta la vida.

Cada uno en su interior sabe bien cuáles son y cómo reaccionamos y qué medios ponemos para superarlas.

En este libro del Antigüo Testamento se cuenta cómo Job fue probado con muchas tribulaciones y las sufrió con admirable paciencia.

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Es el tiempo de los patriarcas, vivía en Arabia un varón -hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal- a quien Dios quiso presentar como modelo de paciencia a todos los hombres de todos los tiempos. Este hombre se llamaba Job. Tenía siete hijos y tres hijas un gran número de ganado y además muchos criados. 

Por lo cual, y más aún por su temor de Dios y su mucha compasión para con los pobres era grande entre todos los orientales.

Un día dijo el Señor a Satanás: "¿Por ventura has reparado en mi siervo Job, que no hay semejante a él en la tierra?". Satanás contestó: "¿Por ventura teme Job a Dios de balde?" Tu has bendecido las obras de sus manos, y sus posesiones han crecido en la tierra. Más extiende solamente un poco tu mano, y tómale cuanto tiene, y verás si blasfema de ti." Entonces dijo el Señor: "Mira, todo cuanto tiene está en tu mano. Solamente no extiendas tu mano contra él."

El día de su cumpleaños se encontraba Job junto a su familia festejando en casa de su hermano mayor y comenzaron a llegar sucesivamente cuatro mensajeros que le fueron anunciando que, en suma, lo había perdido todo: su hacienda, criados, y demás bienes. También sucedió que, en medio de la celebración, sobrevino de repente un gran viento del desierto que arrasó la casa matando a sus hijos y solo quedó Job con vida.

Entonces Job se levantó y rasgó de dolor sus vestiduras; pero, recobrándose al punto que se postró en tierra e hizo oración, diciendo: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: como agradó al Señor, así se ha hecho: bendito sea el nombre del Señor." 

Satanás dijo al Señor: "Todo cuanto el hombre tiene lo da al fin por su vida. Pero extiende la mano, y toca a sus huesos y carne: entonces verás que él blasfema de ti." El Señor le contestó: "Hé ahí, en tu mano está, mas perdona su vida."
Entonces Satanás cubrió a Job de lepra desde los pies hasta la cabeza. Job se raía con una teja la podredumbre para calmar los dolores, y estaba en un estercolero lejos de los demás hombres por causa del contagio. 

Hasta su propia mujer se burlaba de él viéndolo en tan miserable situación. Lo abandona y lo desprecia y, le decía:"¿Aún sigues en tu necedad? Bendice a Dios y muérete." Pero Job le contestaba: "Hablas como una mujer necia. Si hemos recibido los bienes de mano del Señor, ¿por qué no hemos de aceptar también los males?"  Y no pronunciaba palabra mala alguna.


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Como tres amigos de Job se enteraron de su desgracia se llegaron a él. Estaba tan desfigurado que no le conocieron; por lo cual clamaron y lloraron en alta voz, y se rasgaron sus vestidos, y esparcieron polvo sobre sus cabezas. Y estuvieron con él largo tiempo sin pronunciar palabra, porque veían que su dolor era muy grande. Pero cuando Job habló quejándose de sus dolores, aún le proporcionaron un sufrimiento nuevo. Porque le dijeron que él sufría aquellos dolores por sus pecados; pués Dios, decían neciamente, solo visita con penas y dolores a los impíos. 

Job defendió con firmeza su inocencia, y  exclamó con voz fuerte:"He aquí que el cielo es mi testigo. Mientras me dure la vida, no hablarán mis labios cosa injusta. Aunque Dios me envíe la muerte, esperaré en él. Pués se que mi Salvador vive, y que me he de levantar de la tierra en el último día, y que mi cuerpo será de nuevo vestido de piel, y que veré a mi Dios en mi carne." 

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La confianza de Job en Dios no le sirvió de oprobio, sino antes fue recompensada abundamente en este mundo; pués poco después apartó Dios de él la enfermedad,  y le dio en todas las cosas el doble de lo que en los tiempos felices había poseído; tuvo igualmente siete hijos y tres hijas. Todavía vivió 140 años con paz y felicidad, y conoció a los de sus hijos hasta la cuarta generación.

La principal enseñanza que nos da la historia de Job es la que Dios no solamente envía pruebas a los pecadores -que somos todos, sino sabemos reconocer nuestra condición de pecadores es inútil pegar la vuelta y volver a la Casa del Padre, como el hijo pródigo, actuar que tenemos que poner en práctica cada vez que caígamos. Lo importante no es caerse sino saberse levantar y seguir el camino-  para que se enmienden sino que también visita a los virtuosos -justos- y esto es así: 1° para purificarlos de algunas imperfecciones o faltas pequeñas; 2° para que se arraiguen en la virtud (confianza en Dios, paciencia, humildad,etc.) 3° para aumentar sus méritos y tanto más grandiosa recompensa reciban en el cielo, y, finalmente, 4° para que dén a sus prójimos un  ejemplo glorioso que imitar.

La prueba a la fue sometido Job fue terrible. De un solo golpe quedó pobre, después perdió a todos sus hijos, por fin se vió cubierto de una funesta lepra. Esperando la muerte, abandonado por todos, quebrantado repudiado hasta por su propia mujer, cuando más debiera consolarlo.

Hasta la venida de sus propios amigos no sirve más que para acrecentar sus sufrimientos, puesto que terminan echándole injustamente en cara que había merecido sus tribulaciones por pecados ocultos. Job siente profundamente sus infortunios y lo dá bien a conocer con sus lamentos; no es insensible a sus penalidades, pero sufre con ejemplar paciencia sin siquiera quejarse de Dios.

Entonces, cabe preguntarse: "¿De dónde sacó Job la fuerza para una paciencia heroica? De su fe viva e inquebrantable.

Además vemos que el poder del Satanás es limitado. En efecto, claramente se conoce por la historia de Job que acabamos de relatar, Satanás no puede dañar a los hombres más allá que lo que Dios le permite. En la primera alianza -Antigüo Testamento- el diablo tenía más poder sobre el hombre que en la nueva, porque Cristo venció a Satanás (le aplastó la cabeza), y a quien se acoja a Jesucristo, no le pueden dañar las asechanzas del mal enemigo.

Job no era cristiano ni tenía ante sus ojos el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo y supo soportar con paciencia las prueba y los sufrimientos. Tenía una fe -como dijimos- inquebrantable.

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              La conversión de Pablo

Otro ejemplo lo podemos encontrar en Pablo en su carta a los Corintios, refiriéndose a la Gracia dice: "Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también Jesús se manifieste en nuestro cuerpo". (cfr. 2 Cor 4. 7-11).

Más adelante dice: "Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi cuerpo, un ángel de Satanás me hiere. Tres veces pedí al Señor que me liberara, pero él me respondió: "Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad". Más bien me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo: porque cuando soy débil, entonces soy más fuerte". Id. 2 Cor 12 7-10)

Volvamos a la pregunta que formulamos al comienzo. Cómo vivo mi fe frente a las pruebas y a las tribulaciones?. Frente a los desafíos y pruebas  que se nos plantean en nuestro ambiente y circunstancia de vida. Tiro la toalla o me uno más fuertemente a Cristo a través de la oración y de la reconciliación para salir victorioso.

La Fe es un don de Dios, tenemos que pedir al Señor que acreciente nuestra Fe. Que la haga crecer. Que sea capaz de mover montañas. Confiada, segura de que Dios jamás nos va dejar al costado del camino al contrario será siempre la imágen del buen pastor que levanta a la oveja perdida la pone sobre sus hombros y la ayuda para volver a su camino.  

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Comprender definitivamente que Dios no castiga. No está esperando para contabilizar nuestras caídas, nuestras faltas, conoce bien nuestro interior, seguramente más que nosotros, pero esencialmente es "rico en misericordia" lo perdona todo, solo basta que haya en nosotros una actitud de arrepentimiento y confesar nuestros pecados y él nos perdonará, siempre, es el gran perdonador. -requiere sí por nuestra parte el firme propósito de procurar enmendar  y corregir la falla.

Estas son algunas de las reflexiones que podemos formularnos en estos cuarenta días de Cuaresma.



El don de la conversión y la reconciliación

"La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte.

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 Aurora boreal

Y en este tiempo recibimos una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios "de todo corazón" (Joel 2,12) a no contentarse con una vida mediocre, sino crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (Homilía, 8 de enero 2016). (Mensaje de Francisco Cuaresma 2017).

Es que la conversión no es algo que se produce en un momento determinado de mi vida solamente, no es algo que comienza y termina en sí mismo. 


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Es un proceso que abarca toda mi vida. Esto es, debo convertirme todos los días. Por qué? Porque siempre tendré necesidad de volver a la casa del padre como el hijo pródigo. Soy pecador. Sino reconozco mi condición de pecador es inútil querer crecer en la Fe y en el amor de Cristo. Necesito el perdón del Señor para seguir adelante hasta el encuentro definitivo en la Casa del Padre.


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Hijo pródigo - The prodigal son return hause's father

"Esta es la lucha de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos." (Cf.DS 1545; LG 40 en CIC 1426).

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                                   La Ascención de Jesús al cielo

El Señor no nos dejó abandonados nos dijo: "Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo".(Mt 28, 20) El está aquí entre nosotros. Nos perdona en el sacramento de la confesión.  Podemos recibirlo en la Eucaristía y se encuentra en mi interior como dulce huésped el Espíritu Santo.


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Este también es un tiempo propicio para la reconciliación con el hermano. Es necesario también revisar nuestra vida y ver si tenemos que reconciliarnos con alguien que nos haya ofendido o causado algún sufrimiento con su actuar o, viceversa que yo haya ofendido.


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En el evangelio de estos días Jesús nos habla de la necesidad de la reconciliación: "Si, pues al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda".(Mt 5, 23-24)


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Si se nos hace difícil, el primer paso es recurrir a la oración que tiene que ser confiada tanto para pedir perdón como para aceptarlo del ofensor y la cuestión es "perdonar de corazón". No es un pedir o aceptar el perdón por cortesía. Tiene que ser un perdón capaz de cerrar la herida que se haya producido.

Dice Benedicto XVI: "Si queremos presentarnos ante Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias".


El otro es un don

"La Cuaresma también es una oportunidad para abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido.

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La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. 

La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para esto hay que tomar en serio lo que nos dice el Evangelio.

El obstáculo para esto es la corrupción del pecado que se manifiesta en: el amor al dinero, la vanidad, y la soberbia (Francisco Homilía 20 de septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que la "codicia es la raíz de todos los males" (Timoteo 6. 10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en ídolo tiránico (Evangelli gaudium, 55). 

En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

El Evangelio condena con toda claridad el amor al dinero: "Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso al segundo. No pueden servir a Dios y al dinero".(Mt. 6,24).(Id. Francisco Mensaje Cuaresma 2017)". 


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Se trata de estar abierto al hermano conforme se presente en cada día. Cada día Cristo se nos manifestará de distintas formas a través del hermano que encontremos en nuestro camino.

Tenemos que hacernos el firme propósito de no caer en el materialismo estéril. No vivir para tener sino vivir para ser más fraterno y más dispuesto a ayudar al débil y al necesitado. 



La palabra es un don

La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo.

La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra sus sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación. (CIC n°81 y ss).

"La parábola del rico y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca.

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         El rico y el pobre Lázaro

El miércoles de Ceniza justamente se nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. 
El sacerdote mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás". 

El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que <sin nada venimos al mundo, y sin nada nos iremos>...La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos.

La Palabra de Dios es una fuerza viva capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

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       Azores. Islas portuguesas - Océano Atlántico

Dice finalmente Francisco: Queridos hermanos y hermanas. La Cuaresma es tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. 

El Señor -que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. 

Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.


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Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua".(Francisco Mensaje de Cuaresma 2017 -dado el 18 de octubre de 2016-Fiesta de San Lucas, evangelista)".

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ORACIÓN FINAL

Déjame, Señor, que tus pasos siga y, si mis entregas son vacías o calculadas, levántame hacia tu cruz para que vea su crudeza.

Permíteme, Jesús, caer contigo en el duro suelo y, si me resisto al daño por tu Evangelio, hazme comprender que no existe Reino sin cruz.

Llévame, Señor, junto a tu Madre y, cuando sienta que mi vida carece de sentido, sea la que me guíe hasta tu dulce morada.

Deja, Señor, que empuje tu cruz con mis débiles y a veces mínimas fuerzas pues bien sé, Jesús, que es más fácil empujara aquellas otras que son pequeñas y poco hirientes.

Háblame, Señor, con la misma fuerza que lo hiciste a las mujeres de Jerusalén pues, a veces yo también, caigo en la lágrima fácil distrayéndome de un cambio a mejor.

 Permite, Nazareno, que salga con el pañuelo de mi vida y pueda consolarte como tu vida merece Y, si por lo que sea Señor, reniego al combate de la fe que nunca olvide que, no fueron tres caídas, que han sido muchas más en las que besaste el suelo

 Dime, clavado en la cruz, palabras que me lleguen y, si prefiero ir abrigado antes que ser despojado, hazme comprender que sin nada vine al mundo y sin nada, excepto el amor ofrecido, me marcharé.

Ojalá, Señor, cuando llegue el último aliento de mi existencia pueda mirar a  tu cruz y soñar con tu silencio en el sepulcro.

Entonces, sólo entonces, comprenderé y sabré el valor de tu sangre derramada y el valor de mi amistad contigo. 

Tu respuesta, espero amigo y  Señor, sea el premio y triunfo de la resurrección.
Amén.

Javier Leoz
Delegado de Religiosidad Popular
Diócesis de Pamplona-TudelaNavarra-España






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