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jueves, 20 de diciembre de 2018

ADVIENTO "VOLVER AL DIOS VIVO".



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ADVIENTO “VOLVER AL DIOS VIVO”





    Corona de Adviento

El Adviento nos brinda la oportunidad de poder acercarnos a Jesucristo a través de renovar su nacimiento. Es tiempo propicio para hacer una revisión de nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. 



Mirar nuestro interior sin miedos, Remar mar adentro y hacerlo, les propongo, dejando de lado los problemas de la actualidad y la realidad, que muchas veces nos golpea fuerte. Dejar de lado esa realidad que nos tironea y tratar de no escuchar los ruidos que nos aturden y distraen y, en esto, volvernos a nuestro interior, a nuestra vida interior. Así en silencio escuchar al Señor que quiere mostrarse a través del Niño Dios nuevamente. para renovarlo todo. 




Por otro lado para resolver todos esos problemas que nos pueden acuciar y afrontar los retos y desafíos que nos plantea esa realidad debemos estar fortalecidos sobre todo por la fe. "Tratemos de hacer lo que la Santa de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales "Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito de Dios". Hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada".(1)

Sin una revisión de nuestra vida espiritual no podremos corregir lo que tenemos que corregir y tirar por la borda la chatarra que nos impide seguir al Señor. Jesús pasa hoy a nuestro lado seguramente en su infinita misericordia  no nos dejará al costado del camino, el problema es que El pase y yo no le salga al su encuentro. Siempre estará esperando nuestra respuesta y nuestra coherencia entre fe y vida y nuestro compromiso ambiente de vivir siendo testigos creíbles en nuestros ambientes y circunstancias de vida. 

Los primeros cristianos comenzaron a anunciar el Evangelio -buena nueva- mediante frases breves profundas que calaban hondo a quien las escuchara con apertura de corazón: el kerygma -anuncio- era simple, breve pero profundo: "Cristo, Hijo de Dios, hombre, muerto y resucitado "ESTÁ VIVO".


Trappist f1- (Iustración-Artistico)

Frecuentemente no nos damos cuenta que "Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar, por ejemplo, en otras cosas,  seres vivientes hipotéticos -búsqueda de seres vivos e inteligentes en otros planetas- que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, ciertamente no salvarnos de la muerte.

Cuántas veces nos vemos obligados a decir a Dios, con san Agustín: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo» . Al contrario que nosotros, en efecto, el Dios viviente nos busca, no hace otra cosa desde la creación del mundo"(2).




Es conveniente reflexionar sobre la lección del ciego Bartimeo, (Lc.18 35-43) aquel que se sentaba al costado del camino pidiendo limosna. Era ciego de nacimiento. Cuando escuchó un gran murmullo y voces de quienes pasaban. Preguntó que sucedía y le contestaron es Jesús el Nazareno que pasa rumbo a Jericó. y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»(Lc.19,39). Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!»(Lc.18,41).  Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado» (Lc.18,42). Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

"La fe bien fuerte, defiende toda la casa (San Ambrosio) es decir, lo puede todo, El lo es todo; el nos lo da todo. Esa tiene ser nuestra respuesta. En efecto, la "respuesta de tu fe equivale a "dejarse encontrar" por este Dios que nos busca siempre. Dios no se nos impone, pero pasa frecuentemente muy cerca de nosotros aprendamos la lección de Bartimeo y ¡no lo dejemos pasar de largo!"(Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

Ese Dios del que hablamos nos dice el Padre Cantallamessa en su primera meditación de
Adviento que: "Tras el largo predominio del idealismo y el triunfo de la "idea", en tiempos ya mas cercanos a nosotros, también el pensamiento secular ha advertido la necesidad de un regreso a la "realidad" y lo ha expresado en el grito programático: "¡Volver a las cosas!". Es decir, no detenerse en las formulaciones dadas de la realidad, en las teorías construidas sobre ella, o a lo que comúnmente se piensa en torno a ella, sino apuntar directamente a la realidad misma que está a la base de todo, quitar las diferentes capas de tierra arrastrada y descubrir la roca subyacente.

Debemos aplicar este programa también al ámbito de la fe. Sobre la fe, santo Tomás de Aquino escribió que "no termina en los enunciados, sino en las cosas". Cuando se trata de "cosa" suprema en el ámbito de la fe , es decir de Dios, "Volver a las cosas" significa volver al DIOS VIVO; romper, por así decirlo, el terrible muro de idea que nos han hecho de él y correr, como con los brazos abiertos, al encuentro de Dios en persona. Descubrir que no es una abstracción, sino una realidad, que entre nuestras ideas de Dios y el Dios vivo existe la misma diferencia que entre un cielo pintado sobre hoja en papel y el cielo verdadero.

«Qué significa y cómo se define el Dios vivo? Por un momento he acariciado el propósito de responder a esta pregunta, trazando un perfil del Dios vivo, a partir de la Biblia, pero luego he visto que sería una gran tontería. Querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir el Dios vivo a idea del Dios vivo.

Lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar «los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie», romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las «vasijas de alabastro» en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y «llene la casa». En esto nos es maestro san Agustín. El santo nos ha dejado una especie de método para elevarnos con el corazón y la mente al Dios vivo y verdadero. Consiste en repetirnos a nosotros mismos, después de cada reflexión sobre Dios: «¡Pero Dios no es esto, pero Dios no es esto!» Piensa en la tierra, piensa en el cielo, piensa en los ángeles o en cualquier cosa o persona; piensa, finalmente, en lo que tú mismo piensas de Dios, y repite cada vez: «¡Sí, pero Dios no es esto, Dios no es esto!» «Busca por encima de nosotros», responden, una a una, todas las criaturas preguntadas . ¡Debemos creer en un Dios que está más allá del Dios en el que creemos!

El Dios vivo, en cuanto vivo, se puede intuir vagamente, tener de él una especie de sensación o pre-sentimiento. Se puede suscitar su deseo, la nostalgia. Más no. No se puede encerrar la vida en una idea. Por esto se puede tener de él más fácilmente el sentimiento, o la sensación, que la idea, porque la idea circunscribe la persona, mientras que el sentimiento revela su presencia, dejándola en su totalidad e indeterminación. San Gregorio de Nisa habla de la más alta forma de conocimiento de Dios como un «sentimiento de presencia» .

Lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra, que no puede ser definida, sino solo aludida; se puede hablar de ella solo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios —sobre todo de lo que Dios es para nosotros— como este de Dios-roca. Tratemos también nosotros de libar, como dice la Escritura, «miel de la roca» (cf. Dt 32,13).

Más que un simple título, roca aparece, en la Biblia, como una especie de nombre personal de Dios, hasta el punto de que es escrito, a veces, con letra mayúscula. «Él es la Roca, perfecta es su obra» (Dt 32,4); «El Señor es una roca eterna» (Is 26, 4). Pero para que esta imagen no nos infunda miedo y sujeción por la dureza y la impenetrabilidad que evoca, la Biblia agrega enseguida otra verdad: él es «nuestra» Roca, «mi» roca. Es decir, una roca para nosotros, no contra nosotros. «El Señor es mi roca» (Sal 18,3), la «roca de mi defensa» (Sal 31, 4), la «roca de nuestra salvación» (Sal 95,1).

Los primeros traductores de la Biblia, los Setenta, se asustaron ante una imagen tan material de Dios que parecía abajarlo y sustituyeron sistemáticamente el concreto «roca» con abstractos, como «fuerza», «refugio», «salvación». Pero, con razón, todas las traducciones modernas han restituido a Dios el título original de roca.

Roca no es un título abstracto; no dice sólo lo que Dios es, sino también qué debemos ser nosotros. La roca está hecha para ser escalada, buscar refugio en ella, no sólo para ser contemplada desde lejos. La roca atrae, apasiona. Si Dios es roca, el hombre debe convertirse en un «escalador». Jesús decía: «Aprended del dueño de casa»; «Mirad a los pescadores»; Santiago continúa diciendo: «Mirad a los agricultores». Nosotros podemos añadir: «¡Mirad a los escaladores!». Si cae la noche o viene una tormenta, no cometen la imprudencia de intentar bajar, sino que se agarrán aún más a la roca y esperan a que pase la tormenta.

La insistencia de la Biblia sobre el Dios-roca tiene como objetivo infundir confianza en la criatura, arrojando los miedos de su corazón. «No temamos si tiembla la tierra, si se derrumban los montes en el fondo del mar», dice un salmo; y el motivo que se aduce es: «Nuestra roca es el Dios de Jacob» (Sal 46, 3.8).


¡Dios existe y eso basta!

El primer biógrafo de san Francisco de Asís, Tomás de Celano, describe un momento de oscuridad, y casi de desánimo, que el santo vivió hacia el final de su vida, a causa de las desviaciones que veía, en torno a sí, del primitivo estilo de vida de sus hermanos.

Estando turbado —escribe— por los malos ejemplos, y habiendo recurrido un día, tan amargado, a la oración, se sintió amonestado de este modo por el Señor: ¿Por qué tú, insignificante, te turbas? ¿Acaso te he establecido pastor de mi Orden de manera que olvidaras que yo sigo siendo el patrón principal? […] No te turbes, pues, sino espera tu salvación, porque si la Orden se redujera incluso a sólo tres frailes, permanecerá mi ayuda siempre estable».

El estudioso franciscano francés P. Eloi Leclerc, el que mejor de todos ha expuesto esta fase atormentada de la vida de Francisco, dice que el santo fue tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: «Dieu est, et cela suffit». ¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!» .
Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán.

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco
1.SANTA ÁNGELA DE FOLIGNO.
2.SAN AGUSTÍN.
3.«Zu den Sachen selbst»: es el programa de la Escuela fenomenológica de Husserl.
4.SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.Th. II-IIae, q.1,a.2, 2.
5.J.-P. SARTRE, La nausea (Mondadori, Milán 1984) 193s [trad. esp. La náusea (Alianza, Madrid 2016).
6.Cf. G. VON RAD, Theologie des alten Testaments, I (Múnich 1966) 194 [tras. Esp. Teología del Antiguo Testamento (Sígueme, Salamanca 92002).
7.SAN AGUSTÍN, Comentario al Salmo 85, 12: CCL 39, 1136); cf. también Confesiones, X, 6, 9.
8.SAN GREGORIO DE NISA, Cant. XI,5,2: PG 44,1001.
9.CELANO, Vida Segunda CXVII, 158: Fuentes Franciscanas, n. 742.
10.ELOI LECLERC, Sagesse d'un Pauvre (Editions Franciscaines, París 1959) 75-78 [tras. esp. Sabiduría de un pobre (Encuentro, Madrid 2007)].



Benedicto XVI nos recordaba: «En Adviento la liturgia con frecuencia nos repite y nos asegura, como para vencer nuestra natural desconfianza, que Dios “viene”: viene a estar con nosotros, en todas nuestras situaciones; viene a habitar en medio de nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a colmar las distancias que nos dividen y nos separan; viene a reconciliarnos con él y entre nosotros. Viene a la historia de la humanidad, a llamar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para traer a las personas, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz» (Benedicto XVI, Ángelus, 3/12/06).


La virtud de la esperanza, provocada por las venidas de Cristo, encuentra en el tiempo del Adviento un complemento necesario: la vigilancia. Junto con la esperanza se ha de esperar.

La vigilancia corrige la comodidad y el conformismo; es antídoto contra el pecado, y se alimenta con la oración: «El Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza, en el que se invita a los creyentes en Cristo a permanecer en una espera vigilante y activa, alimentada por la oración y el compromiso concreto del amor» (Benedicto XVI, Ángelus, 3/12/2006).


Roble del angel. Carolina del Norte. USA

Una reflexión final, de "San Juan de la Cruz, autor de la Teología de la perfección cristiana, si bien no intenta "aniquilar las tendencias naturales de nuestra voluntad sustituyéndolas a su objeto y dejándolas suspendidas en la nada  (lo que sería contra el verdadero "sí mismo"), sino orientarlas hacia Dios, hacer de Dios el objeto único de ellas, reduciendo así sus fuerzas a la unidad (o.c ps.387-88).
                  
Modo de tener al Todo
   
             Para venir a saberlo todo
             no quieras saber algo en nada.
             Para venir a gustarlo todo
             no quieras gustar algo en nada.
             Para venir a poseerlo todo
             no quieras poseer algo en nada.
             Para venir a serlo todo
             no quieras ser algo en nada.


Modo para no impedir el todo


             Cuando reparas en algo 
             dejas de arrojarte al todo.
             Porque para venir del todo al todo
             has de dejar del todo al todo.
             Y cuando lo vengas todo a tener
             has de tenerlo sin nada que querer.
             Porque si quieres tener algo en todo
             no tienes puro en Dios tu tesoro.


(Obras de San Juan de la Cruz, tomo I, p.2, Editorial Pblet, Bs.As., 1944) 

Entonces somos "verdaderamente sí mismo", estamos en verdad libres en nuestro corazón, vemos a Dios en todo el brillo de su luz, su bondad y su belleza y tenemos la paz y el señorío interior, un "sí mismo" libre, que podrá estar más allá de todo y sobre todo, porque está verdaderamente en-sí-mismo y en Dios.

Es una aparente paradoja, porque sólo hay contradicción en las "fórmulas", pero en realidad de la negación de lo que se "desintegra" al sí mismo y de la afirmación de lo que la "integra"; en esto consiste la auténtica autorrealización, perfección y felicidad: el verdadero "ser sí mismo".(Ver Obras de Ismael Quiles S.J."Cómo ser sí mismo" Ediciones Depalma Bs.As. 1991).

De lo todo lo expresado hasta aquí tenemos suficientes líneas de pensamiento y orientaciones para centrar el Adviento en el punto que nos permita avanzar en nuestra fe, esperanza y caridad.

Comprender que más que un acontecimiento es una vivencia única, personal e irrepetible. Nunca será exactamente igual a la anterior  siempre será nueva por eso debemos renovarla. Pongamos en manos del Señor que viene toda nuestra vida, confiemos en su infinita misericordia, dejemos que el dirija nuestras vidas, seamos sus copilotos.


  Familia tesoro de la humanidad


Francisco visitó a Benedicto XVI para desearle Feliz Navidad. 21 diciembre 2018.

Seguramente, será un Adviento que nos conduzca a una FELIZ NAVIDAD, TANTO EN LO PERSONAL COMO EN LO FAMILIAR Y COMUNITARIO.




JMP+


                 
                                           







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