-
+

MENU

viernes, 22 de marzo de 2019

CUARESMA. TIEMPO DE PURIFICACIÓN.


+
CUARESMA: TIEMPO DE PREPARACIÓN Y PURIFICACIÓN.





Nuevamente, en este peregrinar a la Casa de Padre, todos estamos llamados a renovar nuestra Fe, Esperanza y Caridad mediante la vivencia de la Cuaresma. Que no es otra cosa que seguir los pasos de Jesús.



"Cada año, a través  de la Madre Iglesia, Dios <concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios> (prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: <Pues hemos sido salvados en esperanza> (Rm 8,24)". (Francisco Mensaje de Cuaresma 2019).

Es un tiempo fuerte, importante, trascendental para la vida de cualquier cristiano, cualquiera sea la situación en que se encuentre, nadie está excluido, nadie queda exento de no asumirla porque todos tenemos que convertirnos. Una conversión que tiene que ser diaria. No se trata de un momento, de un flash, es toda la vida y dura hasta el último momento de nuestra existencia.



Por  qué es importante este tiempo? Sobre todo porque me conduce a vivir en plenitud la Pascua que constituye el centro de nuestra vida de fe porque ahí reviviremos la Pasión de Cristo: vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.




Cristo Crucificado (Capilla "La Montonera" Pilar, Pcia. Bs.As.)

Con palabras de Francisco "la celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios".(Ibid.). 

Cuando decidimos hacer un viaje nos preparamos con el debido tiempo, nos preocupamos con que no falte nada, es decir, revisamos todos los detalles que nos permitan realizar el viaje.



En la Cuaresma también tenemos que prepararnos. Con la señal de la cruz en nuestra frente, el miércoles de Cenizas, le dimos comienzo a esa preparación. Es una marca externa, pero nos hace, desde el comienzo, esta interpelación “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o bien, “cree en el evangelio y conviértete”. Es un llamado a pararse y reflexionar. Pararse y ver como está mi vida espiritual. Que lugar le asigno a Dios. Me he quedado clavado en la inmediatez. En querer resolver solo los problemas, económicos, laborales, familiares. Vivo de cara al día a día sin pensar en el Señor.

Es que acaso por ahí no nos dimos cuenta que aquí estamos de paso. O piensas que estaremos aquí por la eternidad. Justamente la Cuaresma nos da la oportunidad para levantar nuestra mirada al cielo y acordarnos de que el Señor está. El nos espera siempre. El siempre pasa por nuestra vida y nunca nos dejará fuera de su camino, el problema es que el pase y yo no le salga a su encuentro.

Es necesario, que aprovechemos estos días que nos quedan para la Pascua para ver, como decíamos, cómo estamos en nuestra vida personal en primer lugar con relación a Dios, luego en mi relación con los hermanos –intramundana-, en mi relación con la comunidad –intraeclesial- incluye tu familia.




Sin una previa y necesaria mirada con sinceridad, sin hipocresías, sin maquillajes, ni omisiones, a nuestro interior y a nuestra vida, es imposible que podamos encontrar al Señor. 

Es importante detenernos en la hipocresía, tal vez uno de los obstáculos más difícil de vencer para quien la sufre.

"Jesús, para este tiempo de Cuaresma, nos hace las siguientes advertencias: "Cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas....Cuando oréis, no séais como los hipócritas... Cuando ayunéis, no pongáis cara de triste, como los hipócritas> (Mt 6, 1-18)". Es el pecado más denunciado por Jesús en los Evangelios.(1)

En efecto, "si nos preguntamos por qué la hipocresía es tan abominada por Dios, la respuesta es clara. La hipocresía es mentira. Es ocultar la verdad. Además, en la hipocresía, el hombre degrada a Dios, lo pone en el segundo puesto, colocando en primer lugar a las criaturas, al publico."(2) 

Sería como vivir en una incoherencia total una dicotomía,  una doble vida. Una falta de coherencia entre mi vida y mi fe, una para el público y otra para mi vida. 

"Es como si en presencia del rey, uno le diera la espalda para dirigir su atención únicamente a los siervos. «El hombre mira la apariencia, el Señor mira el corazón» (1 Sam 16,7): cultivar la apariencia más que el corazón, significa automáticamente dar más importancia al hombre que a Dios".(3)

Por tanto, sin una apertura de corazón, es imposible, porque esa apertura es personal, intransferible, irreemplazable, por eso sino nos abrimos, sin miedos, sin prejuicios, no dejaremos que el Señor entre en nuestro corazón y transforme nuestra vida. 

En ese pasarnos la película de nuestra vida – sin cortes- y miremos todo las luces y las sombras, esto es, todo aquello que me apartó del Señor y todo aquello que me dio. Tantas gracias que hemos recibido gratuitamente y a veces inmerecidamente. Todo debe entrar en este penetrar y remar mar adentro de nuestra vida. San Agustín asignaba suma importancia a esto y decía “Conócete a ti mismo”. Y, más: “Señor que te conozca a ti para que me conozca a mi”.



"El salmo 139; recitarlo lenta y repetidamente, como si lo leyéramos por primera vez, más aún, como si lo estuviéramos componiendo nosotros mismos o fuéramos los primeros en pronunciarlo. Si la hipocresía y la doblez consisten en buscar la mirada de los hombres más que la de Dios, aquí encontramos el remedio más eficaz. Rezar este salmo es como someterse a una especie de radiografía, como exponerse a los rayos X. Uno se siente atravesado de un lado a otro por la mirada de Dios. Recuerdo siempre la impresión cuando lo recité por primera vez en el modo que he dicho. Comienza así:

«Señor, tú me sondeas y me conoces.

Me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda…

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día,

la tiniebla es como luz para ti».

Lo maravilloso es que esta toma de conciencia de estar bajo la mirada de Dios no crea un sentimiento de vergüenza o de malestar, como quien se siente observado y descubierto en sus pensamientos más secretos; al contrario, da alegría porque se entiende que es la mirada de un padre que nos ama y nos quiere perfectos como él es perfecto. El salmista termina, de hecho, su oración con el grito exultante:

«Sondéame, oh Dios, y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno».

Sí, mira, Señor, si seguimos un camino de mentira y guíanos, en esta Cuaresma, por la vía de la sencillez y de la transparencia. Amén.(4)



Por tanto, nuestra revisión de vida tiene que ser sobre todo sencilla, sin dobleces. Pensar que el Señor nos está esperando. No tiene anotadas todas nuestras faltas. Tiene para darnos su amor. Por sobre todo es rico en “misericordia”. Nos perdona todo. El nos espera en el sacramento de la reconciliación (te recuerdo que es Cristo el que te perdona el sacerdote actúa in personae Cristo). Solo nos pide  nuestro arrepentimiento de corazón, nuestro propósito de corregir nuestras faltas y el perdón del Señor nos vuelve a la Vida de Gracia. Así  aumentamos nuestra Gracia Santificante, bajamos la pena y recuperamos la Gracia Actual que es la que nos mueve a realizar todas nuestras buenas acciones. 

Decíamos más arriba sobre la necesidad de hacer una  revisión de vida en tres dimensiones en mi relación con Dios, consigo mismo, y, con los demás. 

La Iglesia nos propone tres medios: la oración, el ayuno, la limosna.

En la oración entramos en diálogo con Dios.
En efecto, el solo hecho de ponernos en presencia de Dios y pedirle luz para ver con claridad todo lo que me puede apartar de su camino. El pedir que nos ayude a perseverar, arrepentirnos de corazón de todas nuestras faltas y pedir nos ayude a perdonar las ofensas y a quienes nos ofendieron o nos hicieron mal, y nos ayude a pedir perdón por las ofensas en hubieramos incurrido, todo esto es un motivo fuerte para ponernos en oración.

Con relación al ayuno, no se trata de mirarlo como mortificación, como ayuda para aprender a  dominar mi cuerpo. Podemos ayunar de muchas cosas, que muchas veces hasta son superfluas, por ejemplo, el uso desmesurado del phone-movil. En todo tiempo y en todo lugar. 

La limosna, no se trata de dar algo al que pide en la puerta del templo. Dar algo que me cueste. Si es cierto no debemos ser "bolsillos cerrados" como dijo Francisco en la Misa de Santa Marta el 18-03 pasado. Pero justamente la Cuaresma nos da la oportunidad de hacer pequeños gestos, pequeñas cosas. Dice "San Juan de la Cruz <A Dios le agrada más una acción, por pequeña que sea, hecha a escondidas y sin deseo de que sea conocida, que mil otras realizadas con el deseo de que sean vista por los hombres> Y también: <Una acción hecha entera y puramente por Dios, con corazón puro, crea todo un reino para quien la hace>.(5)

"Jesús recomienda con insistencia este ejercicio: <Reza en lo secreto, ayuna en lo secreto, haz limosna en lo secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará>. Son delicadezas respecto de Dios que tonifican el alma. No se trata de hacer de esto una regla fija. Jesús dice también: <Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos> (Mt 5, 16). Se trata de distinguir cuándo es bueno que los demás vean y cuándo es mejor que no vean.(6) 




QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De la tibieza de mi vida:
digo creer en Ti no siempre vivo en Ti y      contigo

Hablo y frecuentemente son palabras sin sentido

no vienen desde Ti y, muchas veces, no son para Ti.


QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mis falsas seguridades:
espero en Ti pero me fío de mis propias fuerzas
no siempre te sirvo en lo que hago
y, algunas veces, soy yo el que me busco en todo ello.
  
QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mi mis soledades y angustias
por haberme alejado del costado de tu compañía

Porque, uno de mis pecados, es mi deseo de ser libre

Libre sin más barreras que mi propia libertad

Libre sin más condicionantes que mi propia moral

Libre sin más dignidad que todo lo que considero bueno para mí


QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

De mi incomunicación con todo lo divino
Mi oración, rápida, rutinaria y distraída

Mi caridad, oportunista, vanidosa y selectiva

Mi vida, fácil, consumista y sin brújula cristiana

Mis caminos, tortuosos y estériles, placenteros y a la carta

QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

Desde mi corazón, para que Tú, lo hagas tuyo

Desde mi alma, para que en ella, tu tengas la mejor parte

Desde mis entrañas, para que por ellas,

salga a la luz que sólo Tú, y solo Tú, eres quien reina en mi vida
  
QUISIERA CONVERTIRME, SEÑOR

Ayúdame, Señor, a buscarte en el silencio

Ayúdame, Señor, a descubrirte en el necesitado

Ayúdame, Señor, a contemplarte en las maravillas del mundo

Ayúdame, Señor, a no perderme en las excusas de cada día

en los senderos fáciles y de bajo precio.

Sólo Tú, Señor, tienes palabras de Vida Eterna

Sólo Tú, Señor, eres capaz de darme fuerzas
para vencer y salir victorioso de la tentación de cada jornada

Amén 
Javier Leoz(7)



     

Nos encomendamos a  María nuestra Madre celestial y le pedimos que nos ayude a  vivir esta Cuaresma con todas nuestras fuerzas, con todas nuestras mentes, y con todos nuestros corazones para que nos conduzca a vivir plenamente la próxima Pascua de Resurrección.


-Francisco Mensaje de Cuaresma 2019
1-4 Padre Raniero Cantalamessa 1a.Med-Cuaresma 2019
5.-S. Juan de la Cruz Máximas 20-21.
6.-Padre Raniero Cantalamesa 1a.Med.Cuaresma  2019.
7.-Padre Javier Leoz Oraciones para Cuaresma.

JMP+






jueves, 20 de diciembre de 2018

ADVIENTO "VOLVER AL DIOS VIVO".



+

ADVIENTO “VOLVER AL DIOS VIVO”





    Corona de Adviento

El Adviento nos brinda la oportunidad de poder acercarnos a Jesucristo a través de renovar su nacimiento. Es tiempo propicio para hacer una revisión de nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. 



Mirar nuestro interior sin miedos, Remar mar adentro y hacerlo, les propongo, dejando de lado los problemas de la actualidad y la realidad, que muchas veces nos golpea fuerte. Dejar de lado esa realidad que nos tironea y tratar de no escuchar los ruidos que nos aturden y distraen y, en esto, volvernos a nuestro interior, a nuestra vida interior. Así en silencio escuchar al Señor que quiere mostrarse a través del Niño Dios nuevamente. para renovarlo todo. 




Por otro lado para resolver todos esos problemas que nos pueden acuciar y afrontar los retos y desafíos que nos plantea esa realidad debemos estar fortalecidos sobre todo por la fe. "Tratemos de hacer lo que la Santa de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales "Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito de Dios". Hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada".(1)

Sin una revisión de nuestra vida espiritual no podremos corregir lo que tenemos que corregir y tirar por la borda la chatarra que nos impide seguir al Señor. Jesús pasa hoy a nuestro lado seguramente en su infinita misericordia  no nos dejará al costado del camino, el problema es que El pase y yo no le salga al su encuentro. Siempre estará esperando nuestra respuesta y nuestra coherencia entre fe y vida y nuestro compromiso ambiente de vivir siendo testigos creíbles en nuestros ambientes y circunstancias de vida. 

Los primeros cristianos comenzaron a anunciar el Evangelio -buena nueva- mediante frases breves profundas que calaban hondo a quien las escuchara con apertura de corazón: el kerygma -anuncio- era simple, breve pero profundo: "Cristo, Hijo de Dios, hombre, muerto y resucitado "ESTÁ VIVO".


Trappist f1- (Iustración-Artistico)

Frecuentemente no nos damos cuenta que "Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar, por ejemplo, en otras cosas,  seres vivientes hipotéticos -búsqueda de seres vivos e inteligentes en otros planetas- que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, ciertamente no salvarnos de la muerte.

Cuántas veces nos vemos obligados a decir a Dios, con san Agustín: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo» . Al contrario que nosotros, en efecto, el Dios viviente nos busca, no hace otra cosa desde la creación del mundo"(2).




Es conveniente reflexionar sobre la lección del ciego Bartimeo, (Lc.18 35-43) aquel que se sentaba al costado del camino pidiendo limosna. Era ciego de nacimiento. Cuando escuchó un gran murmullo y voces de quienes pasaban. Preguntó que sucedía y le contestaron es Jesús el Nazareno que pasa rumbo a Jericó. y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»(Lc.19,39). Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!»(Lc.18,41).  Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado» (Lc.18,42). Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

"La fe bien fuerte, defiende toda la casa (San Ambrosio) es decir, lo puede todo, El lo es todo; el nos lo da todo. Esa tiene ser nuestra respuesta. En efecto, la "respuesta de tu fe equivale a "dejarse encontrar" por este Dios que nos busca siempre. Dios no se nos impone, pero pasa frecuentemente muy cerca de nosotros aprendamos la lección de Bartimeo y ¡no lo dejemos pasar de largo!"(Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

Ese Dios del que hablamos nos dice el Padre Cantallamessa en su primera meditación de
Adviento que: "Tras el largo predominio del idealismo y el triunfo de la "idea", en tiempos ya mas cercanos a nosotros, también el pensamiento secular ha advertido la necesidad de un regreso a la "realidad" y lo ha expresado en el grito programático: "¡Volver a las cosas!". Es decir, no detenerse en las formulaciones dadas de la realidad, en las teorías construidas sobre ella, o a lo que comúnmente se piensa en torno a ella, sino apuntar directamente a la realidad misma que está a la base de todo, quitar las diferentes capas de tierra arrastrada y descubrir la roca subyacente.

Debemos aplicar este programa también al ámbito de la fe. Sobre la fe, santo Tomás de Aquino escribió que "no termina en los enunciados, sino en las cosas". Cuando se trata de "cosa" suprema en el ámbito de la fe , es decir de Dios, "Volver a las cosas" significa volver al DIOS VIVO; romper, por así decirlo, el terrible muro de idea que nos han hecho de él y correr, como con los brazos abiertos, al encuentro de Dios en persona. Descubrir que no es una abstracción, sino una realidad, que entre nuestras ideas de Dios y el Dios vivo existe la misma diferencia que entre un cielo pintado sobre hoja en papel y el cielo verdadero.

«Qué significa y cómo se define el Dios vivo? Por un momento he acariciado el propósito de responder a esta pregunta, trazando un perfil del Dios vivo, a partir de la Biblia, pero luego he visto que sería una gran tontería. Querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir el Dios vivo a idea del Dios vivo.

Lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar «los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie», romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las «vasijas de alabastro» en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y «llene la casa». En esto nos es maestro san Agustín. El santo nos ha dejado una especie de método para elevarnos con el corazón y la mente al Dios vivo y verdadero. Consiste en repetirnos a nosotros mismos, después de cada reflexión sobre Dios: «¡Pero Dios no es esto, pero Dios no es esto!» Piensa en la tierra, piensa en el cielo, piensa en los ángeles o en cualquier cosa o persona; piensa, finalmente, en lo que tú mismo piensas de Dios, y repite cada vez: «¡Sí, pero Dios no es esto, Dios no es esto!» «Busca por encima de nosotros», responden, una a una, todas las criaturas preguntadas . ¡Debemos creer en un Dios que está más allá del Dios en el que creemos!

El Dios vivo, en cuanto vivo, se puede intuir vagamente, tener de él una especie de sensación o pre-sentimiento. Se puede suscitar su deseo, la nostalgia. Más no. No se puede encerrar la vida en una idea. Por esto se puede tener de él más fácilmente el sentimiento, o la sensación, que la idea, porque la idea circunscribe la persona, mientras que el sentimiento revela su presencia, dejándola en su totalidad e indeterminación. San Gregorio de Nisa habla de la más alta forma de conocimiento de Dios como un «sentimiento de presencia» .

Lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra, que no puede ser definida, sino solo aludida; se puede hablar de ella solo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios —sobre todo de lo que Dios es para nosotros— como este de Dios-roca. Tratemos también nosotros de libar, como dice la Escritura, «miel de la roca» (cf. Dt 32,13).

Más que un simple título, roca aparece, en la Biblia, como una especie de nombre personal de Dios, hasta el punto de que es escrito, a veces, con letra mayúscula. «Él es la Roca, perfecta es su obra» (Dt 32,4); «El Señor es una roca eterna» (Is 26, 4). Pero para que esta imagen no nos infunda miedo y sujeción por la dureza y la impenetrabilidad que evoca, la Biblia agrega enseguida otra verdad: él es «nuestra» Roca, «mi» roca. Es decir, una roca para nosotros, no contra nosotros. «El Señor es mi roca» (Sal 18,3), la «roca de mi defensa» (Sal 31, 4), la «roca de nuestra salvación» (Sal 95,1).

Los primeros traductores de la Biblia, los Setenta, se asustaron ante una imagen tan material de Dios que parecía abajarlo y sustituyeron sistemáticamente el concreto «roca» con abstractos, como «fuerza», «refugio», «salvación». Pero, con razón, todas las traducciones modernas han restituido a Dios el título original de roca.

Roca no es un título abstracto; no dice sólo lo que Dios es, sino también qué debemos ser nosotros. La roca está hecha para ser escalada, buscar refugio en ella, no sólo para ser contemplada desde lejos. La roca atrae, apasiona. Si Dios es roca, el hombre debe convertirse en un «escalador». Jesús decía: «Aprended del dueño de casa»; «Mirad a los pescadores»; Santiago continúa diciendo: «Mirad a los agricultores». Nosotros podemos añadir: «¡Mirad a los escaladores!». Si cae la noche o viene una tormenta, no cometen la imprudencia de intentar bajar, sino que se agarrán aún más a la roca y esperan a que pase la tormenta.

La insistencia de la Biblia sobre el Dios-roca tiene como objetivo infundir confianza en la criatura, arrojando los miedos de su corazón. «No temamos si tiembla la tierra, si se derrumban los montes en el fondo del mar», dice un salmo; y el motivo que se aduce es: «Nuestra roca es el Dios de Jacob» (Sal 46, 3.8).


¡Dios existe y eso basta!

El primer biógrafo de san Francisco de Asís, Tomás de Celano, describe un momento de oscuridad, y casi de desánimo, que el santo vivió hacia el final de su vida, a causa de las desviaciones que veía, en torno a sí, del primitivo estilo de vida de sus hermanos.

Estando turbado —escribe— por los malos ejemplos, y habiendo recurrido un día, tan amargado, a la oración, se sintió amonestado de este modo por el Señor: ¿Por qué tú, insignificante, te turbas? ¿Acaso te he establecido pastor de mi Orden de manera que olvidaras que yo sigo siendo el patrón principal? […] No te turbes, pues, sino espera tu salvación, porque si la Orden se redujera incluso a sólo tres frailes, permanecerá mi ayuda siempre estable».

El estudioso franciscano francés P. Eloi Leclerc, el que mejor de todos ha expuesto esta fase atormentada de la vida de Francisco, dice que el santo fue tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: «Dieu est, et cela suffit». ¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!» .
Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán.

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco
1.SANTA ÁNGELA DE FOLIGNO.
2.SAN AGUSTÍN.
3.«Zu den Sachen selbst»: es el programa de la Escuela fenomenológica de Husserl.
4.SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.Th. II-IIae, q.1,a.2, 2.
5.J.-P. SARTRE, La nausea (Mondadori, Milán 1984) 193s [trad. esp. La náusea (Alianza, Madrid 2016).
6.Cf. G. VON RAD, Theologie des alten Testaments, I (Múnich 1966) 194 [tras. Esp. Teología del Antiguo Testamento (Sígueme, Salamanca 92002).
7.SAN AGUSTÍN, Comentario al Salmo 85, 12: CCL 39, 1136); cf. también Confesiones, X, 6, 9.
8.SAN GREGORIO DE NISA, Cant. XI,5,2: PG 44,1001.
9.CELANO, Vida Segunda CXVII, 158: Fuentes Franciscanas, n. 742.
10.ELOI LECLERC, Sagesse d'un Pauvre (Editions Franciscaines, París 1959) 75-78 [tras. esp. Sabiduría de un pobre (Encuentro, Madrid 2007)].



Benedicto XVI nos recordaba: «En Adviento la liturgia con frecuencia nos repite y nos asegura, como para vencer nuestra natural desconfianza, que Dios “viene”: viene a estar con nosotros, en todas nuestras situaciones; viene a habitar en medio de nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a colmar las distancias que nos dividen y nos separan; viene a reconciliarnos con él y entre nosotros. Viene a la historia de la humanidad, a llamar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para traer a las personas, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz» (Benedicto XVI, Ángelus, 3/12/06).


La virtud de la esperanza, provocada por las venidas de Cristo, encuentra en el tiempo del Adviento un complemento necesario: la vigilancia. Junto con la esperanza se ha de esperar.

La vigilancia corrige la comodidad y el conformismo; es antídoto contra el pecado, y se alimenta con la oración: «El Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza, en el que se invita a los creyentes en Cristo a permanecer en una espera vigilante y activa, alimentada por la oración y el compromiso concreto del amor» (Benedicto XVI, Ángelus, 3/12/2006).


Roble del angel. Carolina del Norte. USA

Una reflexión final, de "San Juan de la Cruz, autor de la Teología de la perfección cristiana, si bien no intenta "aniquilar las tendencias naturales de nuestra voluntad sustituyéndolas a su objeto y dejándolas suspendidas en la nada  (lo que sería contra el verdadero "sí mismo"), sino orientarlas hacia Dios, hacer de Dios el objeto único de ellas, reduciendo así sus fuerzas a la unidad (o.c ps.387-88).
                  
Modo de tener al Todo
   
             Para venir a saberlo todo
             no quieras saber algo en nada.
             Para venir a gustarlo todo
             no quieras gustar algo en nada.
             Para venir a poseerlo todo
             no quieras poseer algo en nada.
             Para venir a serlo todo
             no quieras ser algo en nada.


Modo para no impedir el todo


             Cuando reparas en algo 
             dejas de arrojarte al todo.
             Porque para venir del todo al todo
             has de dejar del todo al todo.
             Y cuando lo vengas todo a tener
             has de tenerlo sin nada que querer.
             Porque si quieres tener algo en todo
             no tienes puro en Dios tu tesoro.


(Obras de San Juan de la Cruz, tomo I, p.2, Editorial Pblet, Bs.As., 1944) 

Entonces somos "verdaderamente sí mismo", estamos en verdad libres en nuestro corazón, vemos a Dios en todo el brillo de su luz, su bondad y su belleza y tenemos la paz y el señorío interior, un "sí mismo" libre, que podrá estar más allá de todo y sobre todo, porque está verdaderamente en-sí-mismo y en Dios.

Es una aparente paradoja, porque sólo hay contradicción en las "fórmulas", pero en realidad de la negación de lo que se "desintegra" al sí mismo y de la afirmación de lo que la "integra"; en esto consiste la auténtica autorrealización, perfección y felicidad: el verdadero "ser sí mismo".(Ver Obras de Ismael Quiles S.J."Cómo ser sí mismo" Ediciones Depalma Bs.As. 1991).

De lo todo lo expresado hasta aquí tenemos suficientes líneas de pensamiento y orientaciones para centrar el Adviento en el punto que nos permita avanzar en nuestra fe, esperanza y caridad.

Comprender que más que un acontecimiento es una vivencia única, personal e irrepetible. Nunca será exactamente igual a la anterior  siempre será nueva por eso debemos renovarla. Pongamos en manos del Señor que viene toda nuestra vida, confiemos en su infinita misericordia, dejemos que el dirija nuestras vidas, seamos sus copilotos.


  Familia tesoro de la humanidad


Francisco visitó a Benedicto XVI para desearle Feliz Navidad. 21 diciembre 2018.

Seguramente, será un Adviento que nos conduzca a una FELIZ NAVIDAD, TANTO EN LO PERSONAL COMO EN LO FAMILIAR Y COMUNITARIO.




JMP+