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sábado, 26 de marzo de 2016

VÍA CRUCIS EN EL COLISEO - ORACIÓN DE FRANCISCO. 25-03-2016


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VÍA CRUCIS EN EL COLISEO - ORACIÓN DE FRANCISCO

25-03-2016







El Vía Crucis tuvo lugar  en el Coliseo romano donde se lleva a cabo tradicionalmente con la presencia del Obispo de Roma. 

Miles de personas participaron de una sentida conmemoración de la pasión del Señor, en un lugar que recuerda a tantos mártires de la Antigua Roma.


Este año las meditaciones fueron elaboradas por el Cardenal Gualtiero Bassetti, Arzobispo de Perugia (Italia), bajo el "Dios es misericordia". 

El Papa Francisco concluyó el Vía Crucis con una oración que habla del amor divino y de la injusticia humana que se en la cruz ícono del supremo sacrificio por amor y del extremo del egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección, signo dela obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la víctima. 















ORACIÓN DE FRANCISCO




¡Oh Cruz de Cristo!
Oh Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo  sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección,  signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.  
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos  asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de  las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con  frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de  la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la  muerte y condenan al justo.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de  despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse  nunca en sus propios pecados y culpas.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de  los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita  violencia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares  públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el  nombre de la igualdad que tú mismo nos has enseñado.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas  que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios  entregan a la muerte a cualquier persona.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de  salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para  conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común»  que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios  familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e  hipócrita.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo  convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.
Oh Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos  viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los  demás.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran  la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de  los últimos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los  buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y  de la injusticia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la  misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su  fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad  de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben  atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu  silencio misterioso.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y  fecundidad su vocación matrimonial.  Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente  a los necesitados y maltratados.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe que con su  sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de  niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.  En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega  el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz.
Oh Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del  mal y del maligno.
Oh Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las  seducciones de la vanidad.
Oh grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.
Oh Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche.
Oh  Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a  la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar.
Amén.
JMP+


sábado, 4 de abril de 2015

VÍA CRUCIS DEL PAPA FRANCISCO. COLISEO ROMANO 03-04-2015



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Pope Francis presides over Way of the Cross at Rome's Colosseum

Palabras del Santo Padre Francisco al término del rezo del Vía Crucis en el Coliseo

Colina del Palatino, Roma
Viernes Santo, 3 de abril de 2015

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Oh Cristo, crucificado y victorioso. Tu Vía Crucis es el resumen de tu vida. Es el icono de tu obediencia a la voluntad del Padre. Es la realización de tu infinito amor por nosotros, pecadores. Es la prueba de tu misión. Es el cumplimento definitivo de la revelación y la historia de la Salvación.

El peso de tu Cruz nos libra de todas nuestras cargas. En tu obediencia a la voluntad del Padre, nosotros nos damos cuenta de nuestra rebelión y desobediencia. En tí, vendido, traicionado y crucificado por tu gente, tus seres queridos, nosotros vemos nuestras habituales traiciones y nuestra usual infidelidad. En tu inocencia, Cordero Inmaculado, vemos nuestra culpabilidad, en tu rostro lleno de cicatrices, escupido, deformado, vemos la brutalidad de nuestros pecados. En la crueldad de tu Pasión, vemos la crueldad de nuestro corazón y nuestras acciones. En tu sentirte abandonado, vemos a todos los abandonados por los familiares, la sociedad, la atención y la solidaridad.

En tu cuerpo sacrificado, perforado, desgarrado, vemos los cuerpos de nuestros hermanos abandonados en la calle, desfigurados por nuestra negligencia y nuestra indiferencia.

En tu sed Señor, vemos la sed de tu Padre misericordioso, que en ti ha querido abrazar, perdonar y salvar a toda la humanidad. En ti, Divino Amor, vemos aún hoy a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en ti, bajo nuestros ojos o a menudo con nuestro silencio cómplice.

Imprime, Señor, en nuestros corazones sentimientos de fe, de esperanza, de caridad, de dolor por nuestros pecados. Y llévanos a arrepentirnos de nuestros pecados que te han crucificado. Llévanos a transformar nuestra conversión hecha de palabras, en conversión de vida y de obras. Llévanos a mantener en nosotros un recuerdo vivo de tu rostro desfigurado, para no olvidar nunca el alto precio que has pagado para liberarnos.

Jesús crucificado, refuerza en nosotros la fe, que no caiga frente a la tentación. Reviva en nosotros la esperanza, que no se desvanezca siguiendo las seducciones del mundo.

Cuida en nosotros la caridad, que no se deje engañar por la corrupción y la mundanidad. Enséñanos que la cruz es vía a la Resurrección. Enséñanos que el Viernes Santo es camino hacia la Pascua de la luz. Enséñanos que Dios no olvida nunca a ninguno de sus hijos, y no se cansa nunca de perdonarnos y abrazarnos con su infinita misericordia. Pero enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y creer en la misericordia sin límites del Padre.

Alma de Cristo, santifícanos. Cuerpo de Cristo, sálvanos. Sangre de Cristo, embriaganos. Agua del costado de Cristo, lávanos. Pasión de Cristo, confórtanos. Oh buen Jesús, óyenos. Dentro de tus llagas, escóndenos. No permitas, que nos separemos de ti. Del enemigo malo, defiéndenos.

En la hora de nuestra muerte, llámanos. Y mándanos ir a ti, para que te alabemos con tus santos, por los siglos de los siglos. 

Amén.




LA CRUZ,
CIMA LUMINOSA DEL AMOR DE DIOS
QUE NOS PROTEGE
Llamados, también nosotros, a proteger por amor
MEDITACIONES
de
S. E. Mons. Renato Corti
Obispo emérito de Novara


  • Meditaciones de S.E. Mons. Renato Corti, obispo emérito de Novara (Italia)
  • Librito litúrgico - click para ver




Pope Francis celebrates "The Walk of the Cross" in Rome

Pope Francis celebrates "The Walk of the Cross" in Rome

Pope Francis celebrates "The Walk of the Cross" in Rome

Pope Francis celebrates "The Walk of the Cross" in Rome

Pope Francesco presided over Via Crucis at the Colosseum in Rome

Pope Francis celebrates Way of the Cross (Via Crucis) in Rome

Pope Francis celebrates Way of the Cross (Via Crucis) in Rome

Pope Francis celebrates Way of the Cross (Via Crucis) in Rome

Pope Francis celebrates Way of the Cross (Via Crucis) in Rome

Italy - Religion - Pope Francis leads Way of the Cross "Via Crucis"

Italy - Religion - Pope Francis leads Way of the Cross "Via Crucis"

Pope Francis celebrates the traditional Via Crucis at Colosseum

Pope Francis celebrates Way of the Cross (Via Crucis) in Rome



El regalo del Papa a los pobres de Roma


2015-04-04 L’Osservatore Romano

A la misma hora en la que el Papa Francisco presidía el Vía crucis en el Coliseo, el limosnero llevaba a los pobres de Roma un signo de cercanía del Pontífice. 

Por segundo año consecutivo, el Viernes santo por la tarde, el arzobispo Krajewski, acompañado por el jefe de oficina monseñor Ravelli, visitó las principales estaciones de trenes de la ciudad y los centros de refugio y dormitorios de los numerosos pobres cerca de la plaza de San Pedro, para entregarles el regalo del Papa: «Una pequeña caricia» la definieron, distribuyendo a casi trescientos, entre mujeres y hombres, sobres que contenían una tarjeta de felicitación pascual, la imagen del Papa y una suma de dinero. 

Muchos, visiblemente conmovidos, besaron la fotografía de Francisco, pidiendo agradecerle personalmente.

Regalo especial del Papa a los indigentes de Roma

Sabado 4 Abr 2015 | 11:15 am



El limosnero pontificio se encargó de distribuir la ayuda del Papa.  

Roma (Italia) (AICA):  Mientras se celebraba el Viacrucis en el Coliseo Romano, en la noche del Viernes Santo, unas 300 personas sin techo que viven en las calles de Roma recibieron un donativo del papa Francisco. 


El limosnero pontificio, monseñor Konrad Krajewski, distribuyó entre quienes se disponían a pasar la noche en las estaciones ferroviarias de la capital italiana sobres con dinero y una tarjeta del Papa con un saludo. Es la segunda vez que Francisco tiene un gesto semejante para con los pobres durante la Semana Santa. 



Monseñor Krajewski, acompañado por el director de la Limosnería, monseñor Diego Ravelli, visitó las estaciones de San Pedro, Termini y otras cabeceras ferroviarias y del subterráneo para distribuir la donación papal. 



En los últimos meses, la Limosnería pontificia distribuyó paraguas y bolsas de dormir, construyó duchas e inauguró una peluquería cerca de San Pedro, todo dedicado a la gente sin recursos. La semana pasada también organizó una visita guiada a la Capilla Sixtina y los Museos Vaticanos para las personas que deambulan por los alrededores del Vaticano.






JMP+

jueves, 2 de abril de 2015

FRANCISCO: TRIDUO PASCUAL: CULMEN DEL AÑO LITÚRGICO Y DE LA VIDA CRISTIANA. AUDIENCIA GENERAL 1° DE ABRIL 2015.

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AUDIENCIA GENERAL 1° DE ABRIL 2015.




Triduo Pascual: Culmen del año litúrgico y de la vida cristiana

2015-04-01 Radio Vaticana

(RV).- (Actualizado con voz del Papa) Ante miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Obispo de Roma explicó con detalle el Triduo Pascual y pidió al Señor que “nos conceda a todos participar plenamente en el misterio de su muerte y resurrección haciendo nuestros sus propios sentimientos”.

Al inicio de su catequesis, el Papa Francisco recordó que el Triduo Pascual comienza el jueves Santo con la celebración de la Última Cena “en la que Jesús ofreció, con el Pan y el Vino, su Cuerpo y su Sangre al Padre, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya”.

Sobre el gesto de lavar los pies, el Papa destacó que es “expresión de esa misma entrega como servicio a Dios y a los hermanos” y añadió que en el Bautismo “la gracia de Dios nos ha lavado del pecado” y que en cada Eucaristía “nos interpela a seguir el mandamiento de su amor”.

Asimismo, el Papa señaló que en el viernes Santo recordaremos las palabras de Jesús en la Cruz: «Está cumplido» y explicó que “el sacrificio del Cordero inmolado, que transforma la mayor iniquidad en un acto supremo de amor, lleva a término el plan de salvación contenido en las Escrituras”.

“Nuestra vida refleja este amor perfecto, cuando ofreciéndola por los demás, como Jesús nos enseñó, lo hacemos presente en medio de su pueblo”, precisó el Pontífice.

Durante el sábado Santo, el Papa explicó que “contemplaremos el descanso de Jesús en el sepulcro” y junto a María, su madre, “mantendremos encendida la llama de la fe y de la esperanza”.

Por último, el Obispo de Roma recordó que en la Vigilia Pascual “celebraremos al Resucitado, centro y fin de la creación y de la historia, en la alegre esperanza de su retorno” y concluyó que “la piedra del dolor será removida por el resplandor de la resurrección, que ilumina nuestro presente y nuestro futuro”.

Para Radio Vaticano, MTC.

Síntesis de la catequesis del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas:

Mañana comienza el Triduo Pascual que se abre con la celebración de la Última Cena, en la que Jesús ofreció, con el Pan y el Vino, su Cuerpo y su Sangre al Padre, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. El gesto de lavar los pies es expresión de esa misma entrega como servicio a Dios y a los hermanos. En el Bautismo, la gracia de Dios nos ha lavado del pecado, y cada Eucaristía nos interpela a seguir el mandamiento de su amor. 

El Viernes Santo recordaremos las palabras de Jesús en la Cruz: «Está cumplido». El sacrificio del Cordero inmolado, que transforma la mayor iniquidad en un acto supremo de amor, lleva a término el plan contenido en las Escrituras.

Nuestra vida refleja este amor perfecto, cuando ofreciéndola por los demás, como Jesús nos enseñó, lo hacemos presente en medio de su pueblo. 

El Sábado Santo, contemplaremos el descanso de Jesús en el sepulcro. Junto a María, mantendremos encendida la llama de la fe y de la esperanza. 

Y a la tarde, en la Vigilia Pascual, celebraremos al Resucitado, centro y fin de la creación y de la historia, en la alegre esperanza de su retorno. La piedra del dolor será removida por el resplandor de la resurrección, que ilumina nuestro presente y nuestro futuro.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los muchos jóvenes, así como a los grupos provenientes de España, México, Ecuador, Argentina y otros países latinoamericanos. 

Que el Señor nos conceda a todos participar plenamente en el misterio de su muerte y resurrección haciendo nuestros sus propios sentimientos. Muchas gracias.

TEXTO COMPLETO DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

El Triduo Pascual (Actualizado con voz del Papa)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Mañana es Jueves Santo. En la tarde, con la Santa Misa “en la Cena del Señor” iniciará el Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, que es el culmen de todo el año litúrgico y también el culmen de nuestra vida cristiana.

El Triduo se abre con la conmemoración de la Última Cena. Jesús, en la vigilia de su pasión, ofreció al Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las formas del pan y del vino y, donándolos como alimento a los apóstoles, les ordenó que perpetuaran la ofrenda en su memoria. El Evangelio de esta celebración, recordando el lavatorio de los pies, expresa el mismo significado de la Eucaristía bajo otra perspectiva. Jesús – como un siervo – lava los pies de Simón Pedro y de los otros once discípulos (cfr. Jn 13,4-5).
Con este gesto profético, Él expresa el sentido de su vida y de su pasión, como servicio a Dios y a los hermanos: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45).

Esto sucedió también en nuestro Bautismo, cuando la gracia de Dios nos ha lavado del pecado y nos hemos revestido de Cristo (cfr. Col 3,10). Esto sucede cada vez que realizamos el memorial del Señor en la Eucaristía: hacemos comunión con Cristo Siervo para obedecer a su mandamiento, aquel de amarnos como Él nos ha amado (cfr. Jn 13,34; 15,12). Si nos acercamos a la Santa Comunión sin estar sinceramente dispuestos a lavarnos los pies los unos a los otros, no reconocemos el Cuerpo del Señor. Es el servicio de Jesús donándose a sí mismo, totalmente.

Después, pasado mañana, en la liturgia del Viernes Santo, meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz. En los últimos instantes de vida, antes de entregar el espíritu al Padre, Jesús dijo: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,30). ¿Qué significa esta palabra, que Jesús diga: “Todo se ha cumplido”? Significa que la obra de la salvación está cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jesús, con su Sacrificio, ha transformado la más grande iniquidad en el más grande amor.

A lo largo de los siglos encontramos hombres y mujeres que con el testimonio de su existencia reflejan un rayo de este amor perfecto, pleno, incontaminado. Me gusta recordar un heroico testigo de nuestros días, Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía. Unos días antes de ser asesinado en Trebisonda, escribía: “Estoy aquí para habitar en medio de esta gente y permitir hacerlo a Jesús, prestándole mi carne… Nos hacemos capaces de salvación sólo ofreciendo la propia carne. El mal del mundo hay que llevarlo y el dolor hay que compartirlo, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como lo hizo Jesús”. (A. Polselli, Don Andrea Santoro, las herencias, Città Nuova, Roma 2008, p. 31). Que este ejemplo de un hombre de nuestros tiempos, y tantos otros, nos sostengan en el ofrecer nuestra vida como don de amor a los hermanos, a imitación de Jesús. Y también hoy hay tantos hombres y mujeres, verdaderos mártires que ofrecen su vida con Jesús para confesar la fe, solamente por aquel motivo. Es un servicio, servicio del testimonio cristiano hasta la sangre, servicio que nos ha hecho Cristo: nos ha redimido hasta el final. ¡Y es éste el significado de aquella frase “Todo se ha cumplido”!

Qué bello será que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre como Jesús: ¡“Todo se ha cumplido”! Pero no con la perfección con la que lo dijo Jesús sino decir: “Señor, he hecho todo lo que podía hacer”.

 ¡“Todo se ha cumplido”! Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos. Y también nos hará bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cuándo sucederá esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir: “Padre, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”!

El Sábado Santo es el día en el cual la Iglesia contempla el “reposo” de Cristo en la tumba después del victorioso combate en la Cruz. En el Sábado Santo, la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe está recogida en ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr. Rm 4,18) en la Resurrección de Jesús.

Y en la grande Vigilia Pascual, en la cual resuena nuevamente el Aleluya, celebramos a Cristo Resucitado, centro y fin del cosmos y de la historia; vigilamos plenos de esperanza en espera de su regreso, cuando la Pascua tendrá su plena manifestación.

A veces, la oscuridad de la noche parece que penetra en el alma; a veces pensamos: “ya no hay nada más que hacer”, y el corazón no encuentra más la fuerza de amar…Pero precisamente en aquella oscuridad Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad más profunda. Nosotros sabemos que la noche es más noche y tiene más oscuridad antes que comience la jornada. Pero, justamente, en aquella oscuridad está Cristo que vence y que enciende el fuego del amor. La piedra del dolor ha sido volcada dejando espacio a la esperanza. ¡He aquí el gran misterio de la Pascua! En esta santa noche la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado, para que en nosotros no exista el lamento de quien dice “ya…”, sino la esperanza de quien se abre a un presente lleno de futuro: Cristo ha vencido la muerte y nosotros con Él. Nuestra vida no termina delante de la piedra de un Sepulcro, nuestra vida va más allá, con la esperanza al Cristo que ha resucitado, precisamente, de aquel Sepulcro.

Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la mañana que sepan advertir los signos del Resucitado, como han hecho las mujeres y los discípulos que fueron al sepulcro en el alba del primer día de la semana.

Queridos hermanos y hermanas, en estos días del Triduo Santo no nos limitemos a conmemorar la pasión del Señor sino que entremos en el misterio, hagamos nuestros sus sentimientos, sus actitudes, como nos invita a hacer el apóstol Pablo: “Tengan en ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5). Entonces la nuestra será una “buena Pascua”.

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual - RV)

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JMP+