-
+

MENU

Mostrando entradas con la etiqueta # El Papa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta # El Papa. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de diciembre de 2017

FRANCISCO: ALEGRÍA, ORACIÓN Y GRATITUD NOS PREPARAN PARA LA NAVIDAD. ÁNGELUS 16-12-2017

+
FRANCISCO: ALEGRÍA, ORACIÓN Y GRATITUD NOS PREPARAN PARA LA NAVIDAD. ÁNGELUS 16-12-2017





Queridos hermanos y hermanas:

«San Pablo nos invita a preparar la venida del Señor asumiendo tres actitudes: 

la alegría constante, 

la oración perseverante y

la acción de gracias continua».


La certeza de nuestra alegría es Jesús

En la primera actitud, el Apóstol exhorta a estar siempre alegres, aun cuando las cosas no marchan como quisiéramos,  pero está esa alegría profunda, que es la paz, señaló el Papa, recordando que las angustias, las dificultades y los sufrimientos atraviesan la vida de cada uno. Y que muchas veces la realidad que nos rodea parece árida como la del desierto en el que resonaba la voz de Juan Bautista, como recuerda el Evangelio de este domingo. Pero las palabras del Bautista nos revelan la certeza de nuestra alegría:


“ Se trata de Jesús, el enviado por el Padre que viene, como subraya Isaías, a dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor (61,1-2) ”


Estas palabras que Jesús hace suyas en el discurso de la sinagoga de Nazaret (cfr Lc 4,16-19), aclaran que su misión en el mundo consiste en la liberación del pecado y de las esclavitudes personales y sociales que el pecado produce. Él ha venido a la tierra para volverle a dar a los hombres la dignidad de los hijos de Dios, que sólo Él puede comunicar y dar la alegría por ello».

El que encuentra a Cristo no puede ser profeta de desventuras

Tras hacer hincapié en que la alegría que caracteriza la espera del Mesías se basa en la oración perseverante, el Obispo de Roma reiteró que por medio de la oración podemos entrar en una relación estable con Dios, que es la fuente de la verdadera alegría:


“ La alegría del cristiano no se compra: no se puede comprar; mana de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Y cuanto más arraigados estamos en Cristo, cuanto más cerca de Jesús estamos, más encontramos serenidad interior, aun en medio de las contradicciones cotidianas. Por ello el cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser profeta de desventuras, sino testigo y heraldo de alegría. Una alegría que hay que compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace menos fatigoso el camino de la vida ”


Dad gracias a Dios en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús (1 Ts 5,16-24)


“ La tercera actitud indicada por Pablo es la acción de gracias continua, es decir el amor reconocido hacia Dios. Él en efecto es muy generoso con nosotros, y nosotros estamos invitados a reconocer siempre sus beneficios, su amor misericordioso, su paciencia y bondad, viviendo así en un agradecimiento incesante ”


La Madre de Dios nos acompañe para prepararnos a la Navidad

«Alegría, oración y gratitud son tres actitudes que nos preparan a vivir la Navidad de modo auténtico. Alegría, oración y gratitud ¡Digámoslo todos juntos: alegría, oración y gratitud. Otra vez: … En este último tramo del tiempo de Adviento, nos encomendamos a la maternal intercesión de la Virgen María. Ella es ‘causa de nuestra alegría', no sólo porque ha generado a Jesús, sino porque nos conduce siempre a Él».




JMP+

sábado, 16 de diciembre de 2017

FRANCISCO: LA HUMILDAD DEBE SER EL ESTILO DE VIDA DEL CRISTIANO. SANTA MARTA 5-12-2017


+
FRANCISCO:LA HUMILDAD DEBE SER EL ESTILO DE VIDA DEL CRISTIANO. SANTA MARTA 5-12-2017




La humildad debe ser el estilo de vida del cristiano

La humildad es una dote indispensable en la vida del cristiano: lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el primer martes de diciembre.

Inspirándose en un pasaje del profeta Isaías, el Pontífice recordó que todo cristiano es como “un pequeño brote donde se posará el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de conocimiento y de temor del Señor”.

“Estos son los dones del Espíritu Santo. De la pequeñez del brote a la plenitud del Espíritu. Ésta es la promesa, éste es el Reino de Dios”. Ésta es “la vida del cristiano”, dijo el Papa y añadió:

“ Ser consciente de que cada uno de nosotros es un vástago de aquella raíz que debe crecer con la fuerza del Espíritu Santo ”

“Ser consciente de que cada uno de nosotros es un vástago de aquella raíz que debe crecer, crecer con la fuerza del Espíritu Santo, hasta la plenitud del Espíritu Santo en nosotros. ¿Y cuál sería el deber del cristiano? Sencillamente custodiar el brote que crece en nosotros, custodiar el crecimiento, custodiar al Espíritu.”

¿Y cuál es el estilo de vida del cristiano? “Un estilo – explicó Francisco – como el de Jesús, de humildad”: 

“ Se necesita fe y humildad para creer que este brote, este don tan pequeño, llegará a la plenitud de los dones del Espíritu Santo ”

“Se necesita fe y humildad para creer que este brote, este don tan pequeño llegará a la plenitud de los dones del Espíritu Santo. Se necesita humildad para creer que el Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, como dice el Evangelio de hoy, ha escondido estas cosas a los sabios, a los doctos, y las ha revelado a los pequeños. Humildad es ser pequeño, como el brote pequeño, que crece cada día, pequeño, que tiene necesidad del Espíritu Santo para poder ir adelante, hacia la plenitud de la propia vida.”

“Algunos creen que ser humilde – observó el Papa Francisco – es ser educado, cortés, cerrar los ojos en la oración”… “No, ser humilde no es eso”. “Entonces – se preguntó el Santo Padre– ¿cómo puedo saber si soy humilde?”. A lo que respondió diciendo:

“ La humildad sin humillaciones no es humildad ”

“Hay un signo, una señal única: aceptar las humillaciones. La humildad sin humillaciones no es humildad. Humilde es aquel hombre, aquella mujer, que es capaz de soportar las humillaciones como las ha soportado Jesús, el gran humillado.”

Por último, Francisco aludió al ejemplo de tantos santos “que no sólo han aceptado las humillaciones, sino que las han pedido” para asemejarse a Jesús.

“Que el Señor – terminó diciendo el Papa en su homilía –  nos dé esta gracia de custodiar al pequeño hacia la plenitud del Espíritu, sin olvidar la raíz y aceptando las humillaciones”.

María Bernarda Bernasconi. Ciudad del Vaticano



jueves, 14 de diciembre de 2017

FRANCISCO: PENSAR EN LA MUERTE. SANTA MARTA 17-11-2017

+
FRANCISCO: "PENSAR EN LA MUERTE". SANTA MARTA 17-11-2017


Viernes, 17 de noviembre de 2017 Fuente: 

L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua
española, n. 47, viernes 24 de noviembre de 2017


«Pensar en nuestra muerte no es una fantasía mala»; de hecho, vivir bien cada día como si fuera «el último» y no como si esta vida fuera «una normalidad» que dura para siempre, podrá ayudar a encontrarse verdaderamente listos cuando el Señor llame. Es una invitación a reconocer serenamente la verdad existencial de nuestra existencia lo que el Papa Francisco propuso en la misa celebrada el viernes 17 de noviembre, por la mañana, en Santa Marta.

«En estas dos últimas semanas del año litúrgico —hizo presente inmediatamente— la Iglesia en las lecturas, en la misa, nos hace reflexionar sobre el final». Por una parte, claro «el final del mundo, porque el mundo se derrumbará, será transformado» y llegará «la venida de Jesús, al final». Pero, por la otra parte, la Iglesia habla también del «fin de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros morirá: la Iglesia, como madre, maestra, quiere que cada uno de nosotros piense en la propia muerte».

«A mí me llama la atención —confesó el Pontífice, haciendo referencia al pasaje evangélico de san Lucas (17, 26-37)— lo que dice Jesús en este paso que hemos leído». En particular su respuesta «cuando preguntan cómo será el fin del mundo». Pero, mientras tanto, relanzó el Papa las palabras del Señor, «pensemos en cómo será mi final». En el Evangelio Jesús usa las expresiones «como sucedió en los días de Noé» y «como sucedió en los días de Lot». Para decir, explicó, que los hombres «en aquel tiempo comían, bebían, tomaban mujer, tomaban marido, hasta el día que Noé entró en el arca». Y, aún «como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían».

Pero he aquí, continuó el Papa, cuando llega «el día en el que el Señor hace llover fuego y azufre del cielo». En definitiva, «hay normalidad, la vida es normal —señaló Francisco— y nosotros estamos acostumbrados a esta normalidad: me levanto a las seis, me levanto a las siete, hago esto, hago este trabajo, voy a encontrar esto mañana, domingo es fiesta, hago esto». Y «así estamos acostumbrados a vivir una normalidad de vida y pensamos que esto siempre será así». Pero lo será, añadió el Pontífice, «hasta el día que Noé subió al arca, hasta el día que el Señor hizo caer fuego y azufre del cielo».

Porque seguramente «vendrá un día en el que el Señor nos diga a cada uno de nosotros: “ven”», recordó el Pontífice. Y «la llamada para algunos será repentina, para otros será después de una enfermedad, en un accidente: no sabemos». Pero «la llamada estará y será una sorpresa: no la última sorpresa de Dios, después de está habrá otra —la sorpresa de la eternidad— pero será la sorpresa de Dios para cada uno de nosotros».

A propósito del final, continuó, «Jesús tiene una frase, la leímos ayer en la misa: será “como el rayo que deslizándose brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día”, el día que llamará a nuestra vida».

«Nosotros estamos acostumbrados a esta normalidad de la vida —continuó Francisco— y pensamos que será siempre así». Pero «el Señor y la Iglesia, nos dice en estos días: párate un poco, párate, no siempre será así, un día no será así, un día te quitarán y lo que está junto a ti quedará».

«Señor, ¿cuándo será el día en el que me quitarán?»: precisamente «esta —sugirió el Papa— es la pregunta que la Iglesia invita a hacernos hoy y nos dice: párate un poco y piensa en tu muerte». He aquí el significado de la frase citada por Francisco, colocada al ingreso «en un cementerio, en el norte de Italia: “Peregrino, tú que pasas, piensa en tus pasos, el último paso”». Porque «habrá un último» paso.

«Este vivir la normalidad de la vida como si fuera una cosa eterna, una eternidad —explicó el Papa— se ve también en las vigilias fúnebres, en las ceremonias, en las honras fúnebres: tantas veces las personas que realmente están implicadas con la persona muerta, por la que rezamos, son pocas».

Y así «una vigilia fúnebre se transforma normalmente en un hecho social: “¿Dónde vas hoy?” — “Hoy debo ir a hacer esto, esto, esto y después al cementerio, porque hay una ceremonia”». Se convierta así en «un hecho más y allí encontramos a los amigos, hablamos: el muerto está allí, pero nosotros hablamos: normal». Así «también ese momento trascendente, por el modo de caminar de la vida habitual, se convierte en un acto social». Y «esto —confió de nuevo Francisco— yo lo he visto en mi patria: en vigilias fúnebres hay un servicio de recibimiento, se come, se bebe, el muerto está allí: pero nosotros aquí hacemos un poco, no digo “fiesta”, pero hablamos, mundanamente; es una reunión más, para no pensar». «Hoy —afirmó el Pontífice— la Iglesia, el Señor, con esa bondad que tiene, dice a cada uno de nosotros: párate, párate, no todos los días serán así; no acostumbrarte como si eso fuera la eternidad; habrá un día en el que te irás, otro quedará, tú te irás». En definitiva, así «es ir con el Señor, pensar que nuestra vida tendrá final y esto hace bien porque lo podemos pensar al inicio del trabajo: hoy tal vez será el último día, no sé, pero haré bien el trabajo». Y «haré» bien también «en las relaciones en casa, con los míos, con la familia: ir bien, tal vez será el último, no lo sé». Lo mismo debemos pensar, continuó Francisco, «también cuando vamos al médico: ¿será una más o será el inicio de las últimas visitas?»

«Pensar en la muerte no es una fantasía fea, es una realidad», insistió el Pontífice, explicando: «Si es fea o no fea depende de mí, de como lo pienso yo, pero estará y allí habrá un encuentro con el Señor: esto será lo hermoso de la muerte, habrá un encuentro con el Señor, será Él quien venga al encuentro, será Él quien diga “ven, ven, bendecido por mi Padre, ven conmigo”». No sirve de nada decir: «Pero, Señor, espera que debo arreglar esto, esto». Porque «no se puede arreglar nada: aquel día quien se encuentre en la terraza y haya dejado sus cosas en casa que no baje: donde estés te tomarán, te tomarán, tu dejarás todo»

Pero «tendremos al Señor, esta es la belleza del encuentro», aseguró el Papa. «El otro día —añadió— encontré a un sacerdote, más o menos de 65 años: no se encontraba bien y fue al médico», que «después de la visita» le «ha dicho: “Mire, usted tiene esto, esto es algo malo, pero tal vez estemos a tiempo de pararla, haremos esto; si no se para haremos lo otro o si no se para comenzaremos a caminar y yo le acompañaré hasta el final”». Por eso, comentó Francisco, «¡un médico capaz aquel! Con tanta dulzura dijo la verdad: también nosotros acompañémonos en este camino, andemos juntos, trabajemos, hagamos el bien y todo, pero siempre mirando allí».

«Hoy hagamos esto» concluyó el Papa, porque «nos hará bien a todos pararnos un poco y pensar en el día en el que el Señor venga a encontrarme, venga a tomarme para ir con Él».


JMP+



sábado, 18 de noviembre de 2017

FRANCISCO: LOS QUE ESCANDALIZAN. SANTA MARTA 13-11-2017


+
FRANCISCO: LOS QUE ESCANDALIZAN. SANTA MARTA 13-11-2017




Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 46, viernes 17 de noviembre de 2017


De las pequeñas y grandes «incoherencias de todos los días» —las que se ven también en las iglesias o son cometidas por cristianos que en el mundo del trabajo dan «escándalo»— el Papa Francisco advirtió en la misa celebrada el lunes 13 de noviembre en Santa Marta. «Jesús empieza este pasaje del Evangelio —hizo presente enseguida refiriéndose al pasaje litúrgico del Evangelio de Lucas (17, 1-6)— con una constatación de buen sentido: “Es inevitable que haya escándalos”». Y de hecho «es inevitable indicó Francisco: escándalos «hay, habrá». Pero Jesús hace «una advertencia que es constatación y advertencia» al mismo tiempo: «Ay de aquel por quien vienen» los escándalos.

Por tanto el Señor lanza «una advertencia fuerte» y va también «más allá», añadiendo: «Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños». Pero no termina aquí, observó el Pontífice. El Señor de hecho «dirigiéndose a los suyos dice: “cuidaos de vosotros mismos”; es decir, estad atentos de no escandalizar». Explicó el Papa que «el escándalo es feo porque hiere la vulnerabilidad del Pueblo de Dios, hiere la debilidad del Pueblo de Dios, y muchas veces estas heridas se llevan para toda la vida». Es más, el escándalo, explicó el Papa, «no solo hiere» sino que «es capaz de matar: matar esperanzas, matar ilusiones, matar familias, matar muchos corazones>

El escándalo es «un tema sobre el cual Jesús volvía» a menudo, precisó el Pontífice. Por ejemplo «después de una predicación había dicho: “Beatos aquellos que no se escandalizan de mí”». Porque «Él tenía cuidado de no escandalizar». E, incluso, «cuando era el momento de pagar las tasas, para no “escandalizar” dice a Pedro: “Ve al mar, pesca un pez, toma la moneda que tiene en la boca y paga por ti y por mí”». Siempre «para no escandalizar», Jesús advierte también: «Si tu mano es motivo de escándalo, córtala». Y después, de nuevo, «a Pedro, cuando está delante de la cruz, del proyecto de la cruz, trata de convencerlo de tomar otro camino, no hace tantos matices: “Aléjate de mí, quieres hacerme tropezar, escándalo eres para mí”».

«Jesús en esto es muy preciso» explicó Francisco. Y «a nosotros, a todos» da «esta advertencia: “¡estad atentos de vosotros mismos!”». Porque «está el escándalo del Pueblo de Dios, de los cristianos, cuando un cristiano, diciéndose cristiano, vive como pagano». Por otro lado, afirmó el Papa, «cuántas veces en nuestras parroquias hemos escuchado gente que dice: “No, yo a la Iglesia no voy porque ese o esa que está todo el día encendiendo las velas allí dentro, después sale, habla mal de los otros, siembra cizaña...”».

Y «cuántos cristianos —constató el Pontífice— alejan a la gente con su ejemplo, con su incoherencia: la incoherencia de los cristianos es una de las armas más fáciles que tiene el diablo para debilitar al Pueblo de Dios y para alejar al Pueblo de Dios del Señor». Es el estilo de «decir una cosa y hacer otra». Precisamente «eso que Jesús decía al pueblo sobre los doctores de ley: “Haced lo que ellos dicen, no hagáis lo que hacen”». Esto es «la incoherencia».

Al respecto, el Papa no dejó de sugerir «preguntarse hoy, cada uno de nosotros: ¿cómo es mi coherencia de vida?». En mi vida hay «¿coherencia con el Evangelio, coherencia con el Señor?». Preguntarse, por tanto, «si por mi incoherencia soy motivo de escándalo para los otros».

E incoherente, explicó el Pontífice, es también el cristiano que dice: «Yo voy todos los domingos a misa, soy de acción católica o de esta asociación o de la otra, pero pago en negro a mis trabajadores o hago un contrato de septiembre a junio” — “¿Y julio y agosto?” — “¡arréglatelas querido!”». Precisamente estas son las «incoherencias de todos los días». Pero son motivo de escándalo también «los cristianos empresarios que no pagan lo justo» y se aprovechan «de la gente para enriquecerse».

Cierto, prosiguió Francisco, «después podemos preguntarnos sobre el escándalo de los pastores, porque en la Iglesia estamos también nosotros pastores». El profeta Jeremías, «hablaba de este “ay de vosotros”» refiriéndose precisamente a los «pastores que explotan a la gente, explotan a las ovejas, para enriquecerse buscan la leche o la lana, así dice Jeremías, para vestirse y por la vanidad, pero no cuidan a las ovejas».

Después está también «el escándalo del pastor que empieza, por ejemplo, a alejarse de la gente: el pastor lejano». Sin embargo «Jesús nos enseña que el pastor debe ser cercano y cuando el pastor se aleja escandaliza: es un “señor”». De hecho, «Jesús nos dice que no se puede servir a dos señores, Dios y el dinero: cuando el pastor es uno aferrado al dinero, escandaliza». Y «la gente se escandaliza» viendo «al pastor aferrado al dinero», reiteró el Pontífice. Por esta razón «cada pastor debe preguntarse: ¿cómo es mi amistad con el dinero?».

Está, además, el escándalo del «pastor que trata de ir arriba: la vanidad lo lleva a trepar, en vez de ser manso, humilde, porque la mansedumbre y la humildad favorecen la cercanía al pueblo». O también el escándalo del «pastor que se siente “señor” y manda a todos, orgulloso, y no el pastor servidor del pueblo de Dios».

Se podría continuar sobre estas cosas, afirmó Francisco. Lo recuerda «Jeremías, y también san Agustín toma este» pensamiento «de Jeremías y hace un largo discurso sobre los pastores». Y así se podría ir adelante, dijo el Papa, «pero esto, creo, para hoy será suficiente para preguntarnos, cada uno de nosotros: ¿escandalizo como cristiano, como cristiana, como pastor? ¿Escandalizo? ¿Hiero la vulnerabilidad de mi pueblo? ¿En vez de atraer al pueblo, de hacerlo uno, de hacerlo feliz, de dar la paz, la consolación, lo expulso porque yo me siento un pastor “señor” o me siento un cristiano más importante que tú?».

No hay que olvidar la advertencia de Jesús a los discípulos: «¡Estad atentos a vosotros mismos!». Es así como, concluyó Francisco, «hoy puede ser un bonito día para hacer un examen de conciencia sobre esto: ¿escandalizo o no y cómo?». Y «así podemos responder al Señor y acercarnos un poco más a él».

JMP+



miércoles, 4 de octubre de 2017

FRANCISCO: "MISIONEROS DE ESPERANZA HOY" AUDIENCIA GENERAL. 4-10-2017.



+
FRANCISCO: "MISIONEROS DE ESPERANZA HOY"

AUDIENCIA GENERAL.

4-10-2017.





“EL CRISTIANO CON LA FUERZA DE CRISTO ES UNA CÉLULA DE REGENERACIÓN PARA EL MUNDO”.
______________________________________

(Texto completo de la catequesis del Papa Francisco)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta catequesis quiero hablar sobre el tema “Misioneros de esperanza hoy”. Estoy contento de hacerlo al inicio del mes de octubre, que en la Iglesia está dedicado de modo particular a la misión, y también en la fiesta de San Francisco de Asís, que ha sido ¡un gran misionero de esperanza!

De hecho, el cristiano nos es un profeta de desgracias. ¿Han entendido esto? Nosotros no somos profetas de desgracias. La esencia de su anuncio es lo contrario, lo opuesto a las desgracias: es Jesús, muerto por amor y que Dios lo ha resucitado la mañana de Pascua. Y este es el núcleo de la fe cristiana. Si los Evangelios se detuvieran en la sepultura de Jesús, la historia de este profeta iría a agregarse a las tantas biografías de personajes heroicos que han dado la vida por un ideal. El Evangelio sería entonces un libro edificante, también consolador, pero no sería un anuncio de esperanza.

Pero los Evangelios no se cierran con el viernes santo, van más allá; y es justamente este fragmento sucesivo el que transforma nuestras vidas. Los discípulos de Jesús estaban desconsolados ese sábado después de su crucifixión; aquella piedra colocada en la puerta del sepulcro había cerrado también los tres años de entusiasmo vividos por ellos con el Maestro de Nazaret. Parecía que todo había terminado, y algunos, desilusionados y atemorizados, estaban ya dejando Jerusalén.

¡Pero Jesús resucita! Este hecho inesperado cambia e invierte la mente y el corazón de los discípulos. Porque Jesús no resucita solo por sí mismo, como si su renacer fuera una prerrogativa del cual estar celosos: si asciende hacia el Padre es porque quiere que su resurrección sea participada a todo ser humano, y lleve a lo alto toda creatura. Y el día de Pentecostés los discípulos son transformados por el soplo del Espíritu Santo. No tendrán solamente una buena noticia para llevar a todos, sino serán ellos mismos diferentes de antes, como renacidos a una vida nueva. La resurrección de Jesús nos transforma con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús está vivo, está vivo en medio de nosotros, está vivo y tiene esa fuerza para transformarnos

¡Cómo es bello pensar que se es anunciador de la resurrección de Jesús no solamente con palabras, sino con los hechos y con el testimonio de vida! Jesús no quiere discípulos capaces sólo de repetir fórmulas aprendidas a memoria. Quiere testigos: personas que propagan esperanza con su modo de acoger, de sonreír, de amar. Sobre todo de amar: porque la fuerza de la resurrección hace a los cristianos capaces de amar incluso cuando el amor parece haber perdido sus razones. Hay “algo más” que habita en la existencia cristiana, y que no se explica simplemente con la fuerza de ánimo o un mayor optimismo. ¡No! La fe, nuestra esperanza no es sólo un optimismo; es otra cosa más. Es como si los creyentes fueran personas con un “pedazo de cielo” de más sobre la cabeza. ¡Es bello esto, eh! Nosotros somos personas con un pedazo de cielo de más sobre la cabeza, acompañados por una presencia que alguno no logra ni siquiera intuir.

Así la tarea de los cristianos en este mundo es aquella de abrir espacios de salvación, como células de regeneración capaces de restituir linfa a lo que parecía perdido para siempre. Cuando el cielo esta nublado, es una bendición quién sabe hablar del sol. Es esto, el verdadero cristiano es así: no triste y amargado, sino convencido, por la fuerza de la resurrección, que ningún mal es infinito, ninguna noche es sin fin, ningún hombre está definitivamente equivocado, ningún odio es invencible por el amor.

Cierto, algunas veces los discípulos pagarán a caro precio esta esperanza donada a ellos por Jesús. Pensemos en tantos cristianos que no han abandonado a su pueblo, cuando ha llegado el tiempo de la persecución. Se han quedado ahí, donde era incierto incluso el mañana, donde no se podía hacer proyectos de ningún tipo, se han quedado esperando en Dios. Y pensemos en nuestros hermanos, en nuestras hermanas de Oriente Medio que dan testimonio de esperanza y también ofrecen la vida por este testimonio. Y ellos son verdaderos cristianos. Ellos llevan el cielo en el corazón, miran más allá, siempre más allá.

Quien ha tenido la gracia de abrazar la resurrección de Jesús puede todavía esperar en lo inesperado. Los mártires de todo tiempo, con su fidelidad a Cristo, narran que la injusticia no es la última palabra en la vida. En Cristo resucitado podemos continuar esperando. Los hombres y las mujeres que tienen un “por qué” vivir resisten más que los demás en los tiempos de desgracia. Pero quien tiene a Cristo a su propio lado de verdad no teme más nada. Y por esto los cristianos no son jamás hombres fáciles y acomodados, los verdaderos cristianos, ¿no? Su humildad no se debe confundir con un sentido de inseguridad y de condescendencia. San Pablo anima a Timoteo a sufrir por el Evangelio, y dice así: «el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad» (2 Tim 1,7). Caídos, se levantan siempre.

Es por esto, queridos hermanos y hermanas, que el cristiano es un misionero de esperanza. No por su mérito, sino gracias a Jesús, el grano de trigo que, cae en la tierra, ha muerto y ha dado mucho fruto (Cfr. Jn 12,24). Gracias.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)















































JMP+